dic 26 2011

Navidades: un camino hacia el infierno

Francamente, a mí esto de la navidad no termina de convencerme. Hace muchos años que me parece una forma de gastar dinero sin ton ni son, de malgastar afectos falsos aireándolos estúpidamente para parecer mejor persona y de cantar canciones con letras imposibles de entender después de beber un par de copas. Una ridiculez. Eso es lo que me parece. Me encantaría decir algo distinto, pero eso de fingir me va mal. Después de hacerlo duermo fatal.
La navidad tiene sentido para los cristianos. No para los que dicen serlo. No, para esos (para los que van de supercristianos sin serlo) está mejor diseñada la bolsa de valores, la prima de riesgo, los recortes en la sanidad pública, una educación catastrófica o los abrigos de piel. O sea, lo mismo que ocurre con los que no son cristianos (ni presumen de serlo) y andan por el mundo buscando la forma de sobrevivir aunque sea a costa de los más débiles. No puedo dejar de mirar las puertas de la iglesias (las católicas). Es impresionante la cantidad de personas que entran vestidas de punta en blanco, mirando con desprecio a los indigentes que piden una limosna en la puerta. Eso sí, con cara de ser guiado por el mismísimo Cristo. Igual de impresionante que pensar en uno mismo camino de los grandes almacenes. Es impresionante. A mí mismo, se me llena la boca de bonitas ideas y solidaridad y aquí sigo sin hacer gran cosa. La diferencia es que unos hacen numeritos cada domingo. Otros no. Afortunadamente, aún no me ha dado por ir diciendo esto frente una asamblea dispuesta a creerse lo que les echen. Si existe el infierno, los cristianos (buena parte de ellos) tienen un puesto de lujo reservado. A mí lado, por ejemplo.
Decir esto está feo. Ya sé que ahora toca otra cosa. Amor, solidaridad, amistad, cielos estrellados. Esas cositas. Sin embargo, no puedo remediar ser como soy. Y mentir es pecado. Lo dicen los sacerdotes católicos. La navidad me parece una mierda, un inmenso tenderete en el que si no compras pareces un idiota.
En cualquier caso, espero que ustedes lo pasen bien. Tanto como el resto del año. Ah, y si va ir usted a la iglesia, póngase los tejanos, agarre cincuenta euros y entrégueselos al señor de la puerta. Sí, a ese con cara de hambre. Y si van de compras sin ser creyentes hagan lo mismo. Igual me dejan más espacio en casa de Lucifer. Con tanto candidato no quiero imaginar cómo va a estar de lleno.


sep 19 2011

Una vida mejor y llena de éxitos

Antes de la última cena, los doce se sentaron alrededor de una higuera. Hablaron entre ellos, con tranquilidad, intuyendo una vida mucho mejor, llena de grandes éxitos. Sólo uno parecía ausente.
– A ti qué te pasa, J. Estás atontado. Bebe, anda, que tienes mala cara.
– ¿Mala cara? Esto no es nada con la que me viene encima.
– No exageres. Todo tiene solución. Ahora, hasta la muerte la tiene. Ya has escuchado al maestro.
– Me parece a mí que habrá que matizar algunas cositas.
Llegó el maestro. Antes de entrar en la tienda que acababan de montar, agarró a J. del brazo apartándole del grupo.
– Siempre has sido el más crítico de todos. Creo que mereces más que los demás. Efectivamente, todo esto tiene algo de circo. Conviene que no tentemos la suerte. Imagínate si alguno se caga y delata al resto o dice que soy un tal o un cual. No salimos de esta, fijo.
– O sea, que si me ahorco o algo estoy jodido ¿no?
– Bueno, tampoco hay que ponerse así. Es lo mismo que si me pongo a pensar que a mi me pueden crucificar. No te dejes llevar por la paranoia.
– Vamos a beber ese vinito que tienen estos. Será lo mejor.