jun 24 2010

Desierto de instantes

El tiempo es suma de momentos de espera, soñados, deseados. Cada instante, convertido en un grano de arena, cae desde lo alto del reloj de vidrio para que la parte baja se llene con una aritmética que se entrega al desánimo. Mientras esperas, sueñas o deseas, el tiempo suma hasta que el vidrio cede y la arena se extiende formando un desierto que diseña un presente sin oasis. Lo único que puedes hacer es caminar sabiendo que en cada pisada la arena entrará en el calzado para hacer del paso un yunque. Granos de tiempo, miles de millones de granos molestando un andar inevitable. Al principio, mientras subes por las primeras dunas, pataleas lanzando la arena a tu espalda, pero descubres que debajo hay más, mucha más. Y desistes porque sabes que el camino hay que hacerlo.
Sin embargo, la vida enseña todo, incluso a transitar desiertos que, a la sazón, terminan siendo la misma cosa. Separarte de la persona amada, viajar lejos de casa queriendo volver sin poder, perder a un amigo porque camina entre arena aunque en otra dirección, ver morir a otro sin poder hacer nada, no tener un euro en el banco, no creer en nada, en nadie. Al fin y al cabo son dunas hechas de segundos interminables. Todas y cada una de ellas parecen infinitas sin serlo. No lo sabes hasta que cruzas el primero. Es cuando levantas el pie derecho sin esfuerzo, el momento en que miras alrededor y el vidrio recoge lo que has dejado atrás, justo al dejar de pisar el último grano de arena; es en ese momento, cuando sientes que el tiempo vuelve a caer y sabes que el vidrio volverá a ceder dejando que el desierto se extienda de nuevo.
Pero se cruzan y se viven como si cada uno fuera el primero y el último. El hombre de tu vida aparece, tu amigo se arrima otra vez, regresas, encuentras algo en lo que creer aunque sea durante un instante. Incluso puedes ahorrar algo de dinero. Y vuelta a empezar.


may 24 2010

Mi turno

Estoy cansado. Hoy nada de escribir, nada de pensar en nada que esté más allá del cigarro que me estoy fumando o la copa que me pienso tomar dentro de unos minutos. El día ha sido largo, intenso. Pero se acaba. Y quiero que sea de la forma más tranquila que sea posible.

Los niños descansan. Unos leen, otros ya duermen. Escucho la música que más me gusta. Una comedia de Jaime de Armiñán en la mesa. La que voy a leer tomando esa copa. El mundo muy quieto, muy donde debe. Y la única preocupación soy yo mismo. Es decir, no hay preocupación.

Les dejo con una de mis canciones preferidas. Si se animan y me acompañan con cigarro y copa serán bienvenidos. El día se acaba. Comienzo yo.