nov 22 2009

Arrivederci, Fulano

Un peso casi insoportable de aguantar es ese que tiene que ver con la forma de hacer las cosas bien y que el resto de la humanidad parece ver como algo ridículo que roza la idiotez.
Por ejemplo, yo apuesto por un proyecto y me comprometo a estar para lo bueno y lo malo. Y como yo muchos entusiastas individuos. Llega un bache profundo. Para la mitad de los que están por allí se acaba el entusiasmo. Salen pitando. Miran para atrás intentando comprobar que, efectivamente, los que se quedan son sólo insensatos e ignorantes, un grupo de probrecitos que no saben lo que hacen. En realidad, creo que se obligan a pensar de ese modo para, más tarde, cacarearlo justificando su huída. Eso nunca lo reconocen en público, claro. Viste mucho más mofarse del que se queda.
Si el bache se supera algunos tienen la desfachatez de regresar disfrazando lo hecho con recibos por pagar, presiones de no sé quién y cosas así. Si el bache sigue donde estaba, todos se limitan a mirar cómo te vas hundiendo, disfrutando de la estampa.
No es la primera vez que he tenido que ver algo parecido. Ni será la última. Generalmente, no me preocupa. Si alguien capaz de hacer eso se te cruza por el camino lo mejor es alejarse de él. Suelo estar calladito. Sólo cuando alguien me pregunta o se acerca para algo que tiene que ver con el asunto. Aguanto hasta donde puedo porque creo que hago lo que debo. Al menos duermo tranquilo. Junto a un fracaso inminente que me puede arrastrar, pero tranquilo.
Sin embargo, hoy he decidido que eso no tiene porqué ser así. Eso de estar callado, esa especie de altruismo anónimo que no sirve para nada, se acabó. Queda para los jóvenes que aún conservan intactas las ilusiones y su romanticismo. Como ya ni soy joven, ni conservo ilusiones, ni soy mínimamente romántico, voy a decir lo que me dé la gana. Es mejor.
El que no está conmigo no está. Fácil. Eso de buscar alternativas diciendo “te quiero mucho, pero…” no me sirve. Nunca me sirvió a pesar de sonreír al escucharlo tantas veces. Hay cosas que no permiten matices, ni medias tintas. A tu lado o lejos. No hay otra posibilidad. Si te entrego buena parte de lo que soy, de lo que sé, si te abro una puerta de par en par, no cabe salir corriendo para llamar enfrente porque todo lo que hagas allí lo estás dejando de hacer aquí. Aunque me quieras mucho y esas cosas tan vacías.
Puede parecer que esta postura es extremista. Sin embargo es la reacción ante otra muy lesiva, ventajista y, sobre todo, mezquina.
Cuando he afirmado que me alegraba si a fulano le iba muy bien después de hacer una faena, estaba mintiendo. Ni me alegra ni me deja de alegrar. Mi relación duró hasta el momento en que me sentí traicionado. Ni más ni menos. Por tanto, le tengo (a fulano) por persona de poco fiar. Y el que se junta a él pasa a ser sospechoso con razones de peso o sin ellas con las que justificar lo que hace.
Como estoy harto de hipócritas disfrazados de gente con problemas, necesitados de seguridad, hasta aquí he llegado. Ni un paso más. Aquí estoy y el que quiera que se arrime. El resto a desfilar.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano