dic 19 2009

Pasos

Caminas a mi derecha como siempre lo hiciste. Desde el primer día. Te agarras de mi brazo mientras hablas con soltura sobre todo aquello que se te viene a la cabeza. Llevamos el paso cambiado. Tu derecha, mi izquierda, tu derecha, mi izquierda. Miro hacia arriba porque me ha parecido que comenzaba a llover. Pero no hay nubes. Un hombre corre intentando alcanzar al perro que escapa asustado. Tu derecha, mi derecha. Continúas hablando. Pero yo no escucho. Tan sólo presto atención a la punta de nuestros zapatos. Mi izquierda, tu izquierda.
© Del texto: Gabriel Ramírez Lozano


dic 7 2009

Acicalándose

Llueve en Madrid. El cielo está completamente cubierto. Frío. Me ha despertado el sonido de la lluvia. Madrid parece esperar tranquila mientras la bañan con cuidado.
Ayer, me acosté pronto. Casi a la hora de los niños. Me tumbé junto a Gimena esperando a que cerrara los ojos y me tuvieron que despertar para que cambiara de cama. Ocho horas. Algo más. Hacía mucho tiempo que no dormía tanto tiempo seguido.
Siendo niño me gustaba mirar cómo llovía. Ver cómo el agua, caprichosa, iba buscando su camino en la tierra o el vidrio de la ventana. Incluso llegaba a apostar por una gota u otra, por una pequeña corriente u otra. Alguna tendría que llegar primero a su destino. Solía fallar. Inesperadamente alguna gota llegaba para modificar las cosas o un pequeño cauce encontraba a uno de mis competidores para convertirlo en un riachuelito algo más caudaloso. Y me gustaba ver todo esto desde dentro de casa o de un coche o de una cafetería. Nunca me gustó eso de llegar empapado a casa, eso de caminar bajo la lluvia sin buscar el refugio de una cornisa para empaparme. Siempre desde dentro. De otra forma era imposible fijar la atención en lo que me gustaba ver.
Hoy he sido el primero en levantarme. La casa en silencio. Y el agua golpeando en los cristales con suavidad, corriendo por el suelo de la terraza buscando una salida. La ciudad poniéndose guapa, acicalándose con lentitud.
He abierto la puerta de la terraza. Desde fuera, hoy desde fuera, he pensado. Una salida caprichosa para la consciencia.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


nov 13 2005

Otra estación

La mañana se enturbia con los arañazos de una niebla lenta y avariciosa. El frío llega siempre con capa clara, bien tejida. Un instante antes los pies ardían sobre la arena, el reino del sol en plenitud, porque corre el tiempo ocultándose siempre que puede, omitiendo favores sin recompensa. Parece no querer que nadie le pida explicaciones. Pasa, se agota para cada cual, se escapa sin aviso sumando en la piel otra marca que avisa. Y no regresa. Jamás. El ayer se convierte en un presente extraño, diferente y es que el tiempo ha escapado sin que nadie haya tenido tiempo para anotarlo en el debe o en haber. Cierro los ojos con el sol dañando los ojos. Despierto con un disfraz de frío tejido a la medida.
Miro desde la ventana que se ensucia con el vaho. La niebla envuelve una figura que se mueve por el asfalto. Bien podría ser yo mismo visto por otro. Una insignificancia condenada a perder los segundos sin noción.
Alivia saber que la próxima mirada servirá para apreciar las yemas verdes de unos árboles pelados. Justo después de darme la vuelta, sin tiempo para pensar.