oct 26 2010

Amores prometidos, amores realizados

El poder de la seducción reside en la palabra. Pero que alguien se enamore obedece a un roce de piel con piel.
Prometer un futuro antes incierto se dice. Podría gritarse de forma histérica sin ser más o menos. Escenas deseadas, felicidad interpretada en imágenes vistas un millón de veces en una pantalla o en la calle, una alcoba en la que se escuchan risas entre sábanas revueltas. Todo eso se dice. Se escucha. Se imagina.
El tacto de una caricia convierte todo en realidad. Porque las palabras pueden ser engañosas, se pueden interpretar de esta forma o de aquella. Pero la mano que toca no puede fingir. La levedad de un gesto mal hecho delata. El verdadero no puede olvidarse nunca jamás.