Tal para cual

– ¿Me piensas matar?
– Claro. Los asesinos en serie somos así. Raptamos a las personas, las torturamos y luego las matamos. Pero, puedes estar tranquila. Seré bueno y te seccionaré la yugular como es debido. Unos minutillos de sufrimiento. Notarás cómo te ahogas al tragar sangre, sentirás que las venas se secan con rapidez. Una suerte. Yo sólo podré imaginarlo mientras te miro y veo las muecas de dolor y desesperación.
– Ah, qué guay. Siempre me gustó sentir dolor. Me va la marcha. Y que me miren mientras me retuerzo entre alaridos mucho más.
– Joder. Entre cinco millones de sujetos he tenido que dar con una pervertida. Si no fuera porque te gusta, te mataba a hostias ahora mismo.


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