Tal y como es

He pensado esto un millón de veces. La música de Mozart es otra cosa. Escuchar cualquiera de su conciertos, sus óperas o un simple motete hace que las expectativas siempre queden chicas. Es como si la música hubiera estado siempre aquí. Lo único que hacía falta es que apareciera él para escribirla. Todo es natural. Después de cada nota llega la única posible. Eso andaba suelto por algún lugar sin que nadie hubiera llegado a reconocerlo hasta que Mozart lo escribió en un papel para que las cosas quedasen claras y ordenadas definitivamente.Ayer disfruté con Silvia del primer concierto del ciclo Mozart-Arriaga. En el Real de Madrid. Magnífico. Después, cena y una charla de lo más interesante. Hubo tiempo suficiente para comentar lo que acabábamos de escuchar, hablar de las similitudes que hay entre música y literatura, de las diferencias, de cine.- ¿Te gustó la película de ayer? preguntó con esa sonrisa que luce mi mujer cuando quiere decir que espera mi comentario, que finjo estar muerto, pero que no me libraré de ninguna de las maneras.Crash. Si no me equivoco obtuvo un oscar al mejor guión original. Es de esas películas que uno se traga sin rechistar, que intenta hacer pensar sobre la condición humana. Aunque con más trampas de lo que uno piensa si no mira con cuidado.- Me entretuvo. Pero me temo que lo que queda sin contar es lo más interesante. Equivocan los personajes, eligen los que más juego dan porque cualquiera se puede identificar con ellos y eso deja a oscuras lo que a mí más me hubiera interesado. Si piensas sobre lo que cuenta termina por desmoronarse una trama que parece bien construida. No es para tanto.- Mira que eres raro. Le gusta a todo el mundo.- Es que a mí me gusta ver o escuchar, conocer, al fin y al cabo, lo que sujeta el mundo, no lo que lo adorna. En esa película son los secundarios los que soportan el peso de unas historias innecesarias. Son ellos y me los ocultaron desde el principio. Seguramente no hubieran sabido qué hacer con sus historias. No les hubieran dado un oscar.- ¿Qué hubieras contado tú?En la película, entre otras cosas, un policía que tiene un día desastroso abusa de su autoridad, ridiculiza a una pareja que no ha hecho nada por lo que se les pueda detener, registra a la mujer de una forma obscena. Más tarde se encuentran en una situación extrema. Ella ha tenido un accidente de tráfico, su coche va a incendiarse. El policía malísimo se juega la vida y salva a la mujer. Más o menos.- Pues quizás les hubiera hecho coincidir en el súper de la esquina. A ella le faltan veinte centavos cuando va a pagar. Él, que espera en la misma caja, se acerca, deja una moneda junto a la bolsa de zanahorias que va a devolver, con una nota escrita un instante antes. Lo siento. Ella guarda el papel. Y se van cada cual por su lado.- Qué soso.- Cuando llega a casa mira el papel. Recuerda lo que sucedió el día anterior, piensa en lo poco que hizo su marido por ella, ya no le quiere. Y recuerda al policía con cierto morbo.- ¿Lo ves? Eres un raro. ¿Qué hubieras hecho con lo de Mozart?- Eso no puede cambiarse. El mundo es como es. No hay quien mueva ni un milímetro las cosas necesarias. Y Mozart lo es. Él no se dedicó a maquillar esto o aquello, sólo nos dijo hacia donde deberíamos mirar.La buena literatura carece de adornos. Al cine le pasa lo mismo. Y a la música de Mozart. A todo lo que es auténtico le sobra una metáfora que busque una exclamación del lector, una escena muy, muy bonita que no viene a cuento, o una partitura que demuestre lo virtuoso que puede llegar a ser el compositor. Les sobra porque tienen en su esencia lo fundamental. El mundo que nos ha tocado vivir a todos durante siglos. Por muy incómodo que sea, por estúpido que parezca. Es nuestro mundo y lo único que podemos hacer por él es contarlo. Nunca desfigurarlo con más amor del que hay o explosiones asombrosas en las que se salvan los buenos. Los malos existen porque la tierra sigue girando. Y porque podemos escuchar a Mozart.


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