Telón

He dedicado buena parte de la noche a recordar y anotar las frases (no sé si todas ellas exactas) que he tenido que escuchar, disfrutar o padecer durante los últimos años y que más me han marcado. Por alguna razón las he limitado a diez. Y por alguna otra extraña razón he borrado inmediatamente las que sufrí, las que no quisiera tener que escuchar nunca más. Y cuando digo nunca más me refiero a nunca más. Ni en las películas, vamos. Así quedaron en el papel (aún legibles) dos frases. Una de ellas hablaba de amores, de elecciones perpetuas y cosas así. Sin saber porqué he trazado una línea sobre lo escrito. Eliminada.
Y quedaba una sola. Recordada con exactitud, sin posible error en la interpretación, construida con calma en su momento, posiblemente eterna. “Vamos, Gabriel, eres capaz de salir adelante, tranquilo. Piensa despacio y sólo en ti. Sólo en ti”. Aprender que algo negado tantas veces es la única salida, asumir que las cosas se concentran en algo así, descubrir que sólo lo que se hace por uno mismo y sin tener en cuenta a los demás es lo que sirve, todo esto es un mazazo que te derriba sin compasión.
Desde ese instante en el que hablaba frente a un espejo aprendí que, o bien seguía interpretando el papel que asumí en su momento sin saber lo que hacía, o bien me dedicaba a ser eso que algunos llamamos yo. Y decidí ser poca cosa, un ser normaducho como todos los que han pasado por este mundo sin excepción, con mis limitaciones, con mis zonas oscuras, con las más claras, con mi inteligencia que llega hasta donde llega y ni un milímetro más allá, con mi condición mortal, finita. Y la gracia es que sigo aquí. Con un espejo perpetuo en la palma de la mano, pero aquí.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


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