Temores

Día frío. Primera nevada. El cielo se ve blanco, amenazador.
Mientras un muchacho lanza una bola de nieve a la chica que le acompaña, la anciana que camina tras ellos abre los brazos con cierta exageración procurando no caer al suelo. Corre agua por la calzada. Negruzca, espesa. Vehículos de todos los tamaños y colores, personas de todas las edades, diferentes tonos de verde o amarillo adornados por el blanco helado de unos copos que pronto estarán en esa calzada. Allí, siendo agua negruzca, espesa.
Hay cosas que son iguales para todos. Sean quienes sean, quienes seamos, recibiremos la misma recompensa. Tirando bolas de nieve, abriendo mucho los brazos o como sea, todos tendremos que cruzar ese riachuelo sucio entre vehículos.
Tal vez sea por eso que los padres nos hacemos miedosos. El mismo día del nacimiento de nuestro primer hijo. Ni un día después. Arrullas al bebé y ya estás pensando en un futuro incierto, en las enfermedades que pueden llegar, en las alegrías efímeras, en el trabajo que costará conseguir esto o aquello intentando encontrar un bienestar para el recién llegado. Sí, miedosos. En eso nos convertimos los padres y madres. Lo adornamos con optimismo, con risas, con la negación sistemática de lo menos amable para protegerles, aunque con el temor de tener que cruzar el agua sucia con los brazos abiertos, con el miedo a cuestas que produce no poder ver a esos jovencitos, por los que tanto has sufrido, un poco más adelante. Tirándose bolas de nieve o lo que haga falta. El temor llega desde la posible ausencia. La razón es lo de menos.
Un par de niños pasan junto a mí. Ríen ajenos al mundo entero. El suyo es ahora blanco. Arrastran con las manos la nieve que encuentran sobre los coches. Gritan cuando reciben un impacto. La madre les advierte. Pueden coger frío, se empaparán si siguen así, cuidado con las caídas. Saltan con sus botas de agua. Y el espesor desaparece. Logran deshacer los copos que se mezclaban con el líquido oscuro. La madre enfadada les regaña. Me mira con expresión de estar harta de ellos. Sin fijarse en el suelo. Solo lo hace en las botas de plástico.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


5 Respuestas en “Temores”

  • Paula María ha escrito:

    Es difícil volver a ser el mismo de antes de tener hijos. Todo se vuelve amenazador, inestable,…
    Pero si, lo peor de todo es la incertidumbre de que si uno los verá crecer.
    Muy bueno Gabriel!

  • Edda ha escrito:

    No se les puede proteger siempre. Pensar en los charcos que se irán formando a lo largo del invierno no dejará que disfrutemos del buen tiempo. En algunas ocasiones es mejor ser espectador, mordiéndonos la lengua o atándonos las manos. Es la mejor forma de enseñarles que caer en el charco no siempre es malo. A veces hasta hacemos risas.

  • Araceli ha escrito:

    Cuanta razon llevas,el miedo llega desde ese primer instante, para acompañarnos el resto de nuestra vida

  • MERCHE ha escrito:

    Es que no es lo mismo ser niño que ser padre….
    Lo que hacíamos nosotros de niños ahora no queremos "por miedo" que lo hagan los nuestros… pero es un pelin inevitable…. Pero el mejor aprendizaje se da con la propia experiencia aunque nos cueste…..

  • Poma ha escrito:

    Totalmente de acuerdo.Aterroriza pensar en su ausencia.