Todos vamos a morir

No me gusta volar. Los aviones me parecen ataúdes multitudinarios en los que te puedes tomar un zumo de naranja antes de morir y poco más. Eso es lo que creo que son. Es verdad que te llevan lejos en poco tiempo, que, según las estadísticas, es el medio de transporte más seguro, pero viajas bordeando una muerte segura.
Lo peor de todo es que suelo volar a menudo. No me gusta perder la compostura en público y, sin embargo, al menos un par de veces por semana lo hago sin ningún decoro. Una oración antes de despegar (con cara de “todos vamos a morir”), movimientos estúpidos durante el viaje acompañados de frases al compañero de asiento que no significan nada más allá de “todos vamos a morir”, y un fuerte suspiro al aterrizar. Algunos se lo toman bien (lo de tener un compañero tan pesado), otros lo llevan fatal. Son los que piensan como yo aunque finjan estar tranquilos. Y son muchos.
Hoy, durante el vuelo de regreso desde Barcelona, se ha producido un milagro. Antes del despegue, he comenzado a leer “Toda pasión apagada” de Vita Sackville-West. Se me olvidó la oración de rigor, no dije una sola memez durante el vuelo y al sobrevolar Coslada no me ha parecido que volásemos demasiado bajo. Han sido 100 páginas (más o menos la mitad del libro) divertidas, además de sorprendentes. El personaje principal muy bien construido, los secundarios haciéndole crecer más y más, la trama original, el tempo ajustado perfectamente al tiempo narrativo…En fin, que me lo he pasado bomba.
Los que tengan miedo a volar (incluidos los que fingen) que vayan corriendo a comprar un ejemplar de esta novela. Las turbulencias son menores y el riesgo de muerte más llevadero.


Comentarios cerrados.