Traición deseada

Son muchas las veces que nos sentimos traicionados y pocas las que nos traicionan. Por mucho que lloremos, gritemos con furia o pidamos venganzas dolorosas. Porque sólo se puede hacer algo así a alguien que sigue siendo el mismo; nunca a ese que cree ser la misma persona que se presentó para ocupar un hueco en la vida de alguien (o en la propia fingiendo llegar renovado), pero que dejó de ser tiempo atrás aunque no lo tiene en cuenta. Intentar borrar de la memoria el pasado no es más que una trampa estúpida.
Queremos que nuestro reflejo sea eterno en la conciencia ajena. Ese mismo que proyectamos sacando a relucir lo mejor, ese mismo que sacamos a pasear sabiendo que gusta, ese mismo que escondemos con rapidez cuando ha cumplido su misión y reservamos para el siguiente en llegar a nuestro lado. Deseamos, disimulamos ser los mismos. Sin embargo, nadie lo ve así. No puede ser. No cabe ni el engaño propio. Y el resultado es que las deudas se desvanecen en poco tiempo. Sólo somos morosos con la mentira.
Las actitudes se modifican. Unos se justifican diciendo que ya no son quienes fueron aunque reservan la esencia, otros se lamen las heridas abiertas y sin cura posible.
Dejamos de ser lo que fuimos, lo que enseñamos. Y no queremos que eso sea motivo de cambios en otros. Incluso, no permitimos que el recuerdo propio sea distinto al que nos hace sentir felices e intocables ante otros. Cambiamos. Cambian. Nuestro reflejo es mueca. Sufrimos. Atacamos con desesperación pidiendo clemencia. Y a eso lo llamamos traición. Casi siempre.


2 Respuestas en “Traición deseada”

  • Edda ha escrito:

    Es imposible seguir siendo el mismo cuando las circunstancias cambian. Pero hacemos lo imposible, porque no se puede cambiar la esencia. No engañamos, no traicionamos a quien está dispuesto a aceptarnos como somos en cualquier circunstancia que nos muestre el reverso de nosotros mismos.

  • admin ha escrito:

    El problema no es aceptar o no. El problema es ocultar o enseñar según convenga.