Tranquilo, no pasa nada. Estás muerto.

No creo que exista una sensación más agobiante que la de sentirse solo. Esperar, ya en sí un problema al que el ser humano no parece acostumbrarse ni que sepa eludir, y hacerlo en soledad sabiendo que la solución pasa, precisamente, por una compañía que te niegan, es demoledor.
Tengo aprendido que los que negamos ese estar junto a otro lo hacemos arrimados a razones estúpidas que nos justifican y lavan la conciencia. Y tengo aprendido que solemos salir pitando por pereza, por no querer saber nada de un asunto incómodo que, total, no es el nuestro y que nos crearía cierta inestabilidad. El resto de excusas son eso y nada más. Además, recién sacadas del cubo de mierda. Cubo de mierda que, por supuesto, llenó en su momento el que tiene el problema (¡qué sorpresa¡) y que ahora esgrime desde las alturas para librarse de ese espanto.
“No pasa nada, no te preocupes” es la frase más socorrida y, lamento decirlo, la cabronada más grande que se le puede decir al individuo que tiene el problema. Claro que pasa, claro que hay que preocuparse. Pero no, de lo que se trata es de meter las cosas en un cajón y que a mí ni me rocen. Que lo pase solito y que se joda porque yo ya he sufrido mucho y por su culpa (esto se dice tenga culpa o no el pobre que deambula por la vida desesperado y sin saber qué hacer).
En fin, que me he acordado de lo mierdas que somos a veces y de lo que nos gusta parecer felices cuando, en realidad, lo podemos ser si acabamos con lo incómodo aunque eso tenga nombre, apellidos y conciencia, aunque tengamos que hacer más daño, si es necesario, para conseguirlo.
Decir estas cosas es siempre desagradable. Escucharlas debe ser un horror cuando alguien se remueve en la silla pensando “qué cabrón este tío, podría dedicarse a escribir sobre marcianitos y no sobre estas cosas que me recuerdan a mí mismo”. Pero siempre hay un plan alternativo, siempre podemos pensar que esto es sólo un blog en el que lo elementos de ficción convierten todo en irreal; que, quizás, la intención del autor es crear un pequeño debate entre su media docena de lectores; que si no aparece mi nombre es que no se refiere a mí o lo que a uno le vaya bien para creer que esto es cosa de un tarado. La pena es que mientras jugamos a ser maravillosos alguien muy cerca se está muriendo del asco. Y nadie mira en esa dirección. Una pena y un gran desastre. De verdad.


3 Respuestas en “Tranquilo, no pasa nada. Estás muerto.”

  • Edda ha escrito:

    Duele como para crear un debate. Somos así de mierdas. Al final todo se queda en buenas palabras. Pero hay que decirlo, como has hecho tú. Los marcianitos están bien para echar unas risas. Los amigos están para algo más.

  • Motti ha escrito:

    En esos momentos que al parecer el soplo de la vida es de una halitosis uno busca una compañía un ser humano no una persona.

  • Luis ha escrito:

    Creo que la autocompasión es una de las muchas trampas de nuestro mal programado cerebro. Otra trampa es pensar que nuestro dolor lo produce otra persona y no nosotros mismos. Otra más (y la lista es enorme) es creer que las relaciones humanas son justas. En fin, cuando algo sale mal y se te derrumba todo puedes morirte en vida o no, aprender o no, empezar otra vez o no… perder la capacidad de ilusionarte o no, y tomar una u otra opción depende de muchas cosas, algunas las conozco y otras no, pero no siento empatía con el que no lucha. Y nunca le negaré una mano al que lucha. Porque hay que luchar, siempre, cuando las cosas van bien y cuando no. El que deja de luchar lo pierde todo; son las reglas el juego.