Tsunamis y fútbol

Ayer, me cuentan, en un programa de televisión (en una cadena de gran audiencia) se debatía si estaba bien o no eso de pitar el himno nacional antes de comenzar la final de la copa del rey. Había varios invitados y uno de ellos era especialmente arrogante (me cuentan). Se trataba de un nacionalista vasco o catalán. Eso no importa. Ni siquiera importa lo que dijo ni como lo dijo. Más que nada porque ese no es el debate. Ayer, en las cadenas de máxima audiencia, lo que debería haberse debatido es cómo es posible que la comunidad de Madrid y la valenciana declarasen la mitad del déficit y cómo es posible que Bankia tenga un agujero de más de 20.000 millones de euros (cifra que se le va de la cabeza a cualquiera). Eso y no otra cosa era motivo de debate.
Es indignante que quieran apelotonar niños en las aulas y que paguemos por segunda vez la sanidad pública y que, al mismo tiempo, sin que nadie visite la cárcel, un banco privado se lleve todos los recortes a su oficina. No sé si me falla la memoria, pero el presidente Rajoy dijo que no iba a dar un solo euro a la banca privada. ¿Tampoco hay nada que decir a eso? ¿No es para denunciarle de inmediato? Pues no, con la excusa de la herencia recibida y de hacer lo que hay que hacer, en España están haciendo lo que quieren. Unos y otros. Banqueros y políticos, digo.
En cualquier caso, en la televisión hablan de los pitos y del himno. Llevan a un radical para poner de mala leche al ochenta por ciento de los ciudadanos y para que se hable de ello en bares, cafeterías y en las casas. Es mucho más fácil opinar sobre el fútbol, la mala educación y un gilipollas radical que sobre cosas que, por mucho que nos meten a todas horas para acojonarnos, no terminamos de entender. La señora Aguirre ha sido muy astuta. Ha soltado lastre y hemos tragado como ignorantes. Tal vez como lo que somos por mucho título universitario que atesoremos.
Siguen jugando con nosotros. Siguen ocultando una verdad terrible porque si no lo fuera la habrían soltado ya como si tal cosa. A estos no les tiembla el pulso cuando se trata de dar una paliza a los ciudadanos. Siguen amenazando mientras se enriquecen una banda de listos que nos están haciendo pasar las de Caín. Y nadie movemos ficha. ¿Hasta cuándo vamos a estar viéndolas venir? Muy fácil. Hasta que nos demos cuenta que no somos ricos, que todos excepto un puñado de personas somos los pobres en este juego. Seguimos agarrados al bienestar y al euro cuando lo que tenemos en la mano es una fantasía que dejarán que dure el tiempo que les lleve preparar todo para que se produzca el hundimiento definitivo.
Esto es indignante. Allá donde miremos nos encontramos con una desvergüenza desproporcionada. Y, mientras, discutimos si un aficionado al fútbol debe pitar o no un himno. Esto es como decidir qué hamaca usamos para asistir a la destrucción que provocará un tsunami. Tumbados, mientras miramos el espectáculo, estamos muertos.


1 Respuesta en “Tsunamis y fútbol”

  • Panama ha escrito:

    España, en muchos aspectos, es un país de “pandereta”. Los “tontos útiles” de este país son los que convierten a España en la mayor vergüenza del mundo. Pero somos un gran país que tiene sectores de la sociedad podridos. Ahora bien, si nosotros no nos hacemos respetar, cómo para que vengan los de fuera a respetarnos. En cualquier país serio no se permite pitar ni al himno ni a los símbolos nacionales, ya que eso no es libertad de expresión. Y aquí, en nuestro fútbol, debería haber una norma (escrita) que dijera que si se pita el himno, no empieza el partido. Y si no estás de acuerdo, no participes en la competición. Vete a jugar la Copa de tu país.