Un caso real

– ¿Por qué mató a su madre?
– Fue un impulso descontrolado, algo parecido a lo que me está pasando con usted.
– ¿También quiere matarme a mí? Sólo intento ayudarle.
– No, sólo quiere saber cosas de mí para poder reventarme con pastillas. Quiere saber si estoy loco, rematadamente loco o si sólo soy un criminal sin escrúpulos.
– ¿Qué cree usted que es? ¿Loco, rematadamente loco o un criminal sin escrúpulos?
– Eso, mejor, se lo pregunta a mi madre. Si quiere saberlo sin intermediarios quíteme los grilletes.
– Puede contestar con ellos puestos.
– Pero no puedo arrancarte las pelotas con mis propias manos.
– Le diré una palabra y usted contestará con otra. La primera que le venga a la cabeza. ¿De acuerdo?
– Puta.
– Bueno, no habíamos empezado. La primera es amor.
– Puta.
– Amistad.
– Puta.
– Si quiere ya anoto en el resto una contestación única. ¿Dirá puta siempre?
– No lo sé. Es que me pillas pensando en tu mujer y no doy más de sí.
– Bien. Lo dejaremos hasta mañana. Tal vez quiera colaborar algo más.
– Puta.

(Edwin Canales salió en libertad dos meses después de mantener esta conversación con el doctor Villanueva. Un error en la instrucción del caso facilitó a su defensa conseguir la anulación del proceso. La ciudad en la que reside suma seis desapariciones de mujeres desde su puesta en libertad. No existen pruebas contra él que le incriminen aunque todos los cadáveres fueron marcados con la palabra puta utilizando un objeto punzante de gran tamaño).


1 Respuesta en “Un caso real”

  • Edda ha escrito:

    Escalofriante. No sé qué me da más miedo: que exista un personaje así o que el error en la instrucción del caso sea verdad. Lo del personaje no tiene remedio (o sí, pero entraríamos en otro debate), y lo del juzgado es imperdonable.