Un descuido imperdonable

Qué buen chico este De Juana. Parece mentira que nadie le entienda. Menos mal que la ley penitenciaria contempla reducciones de condena a los buenos estudiantes que cosechan títulos universitarios durante la estancia en prisión y les da la oportunidad de mostrar un rendimiento intelectual extraordinario. Y menos mal que aún quedan organizaciones pro-amnistía pensando sin descanso en cómo hacer el mundo mucho mejor para estos asesinos cultos. Pero claro, no hay nada perfecto. Es una pena que la ley no contemple la posibilidad de, por ejemplo, practicar la cirugía estética para evitar que un muchacho culto y poseedor de títulos universitarios salga de la cárcel con esa cara. Un fallo lo tiene cualquiera. Habrá que perdonar este pequeño error. Lo cierto es que De Juana deja ver en cada rasgo de su rostro lo que verdaderamente fue antes de pasar por esa máquina generadora de inteligencia y cultura de calado que es una prisión. Odio, ira, maldad, locura o desprecio por la vida humana se reflejan en cada gesto de este buen chico. El Gobierno debería tomar nota y las medidas necesarias para solucionar este problema. Si se hacen las cosas se hacen bien o no se hacen, señores gobernantes. Por favor, operen a De Juana, diseñen una cara que le haga parecer humano. Es que si no es así nos va a seguir pareciendo lo que fue antes de hacerse intelectual y titulado universitario. Y a eso no hay derecho.


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