Un esfuerzo estéril

Tengo cuarenta y seis años. Pronto cumpliré cuarenta y siete. Padre de cuatro hijos. Tengo la experiencia que puede acumular un hombre con esa edad y cuatro hijos. De algunas facetas de mi vida he decidido que era mejor borrar, por completo, esas cosas que se aprenden. De otras, arranco y utilizo, cada día, una parte de ellas para tener lo que creo que podría ser una vida mejor.
Todo en el mundo es comida. Nosotros somos el alimento de otros, el propio; los volcanes son comida, los recuerdos lo son del mismo modo. Pasa el tiempo. Se va acabando sin respeto. Devoramos lo que fuimos, lo que no alcanzamos a ser por esto o por aquello. Los desperdicios terminan en el vertedero junto con lo que hemos querido olvidar.
Tengo cuarenta y seis años, llevo a cuestas muchas toneladas de recuerdos consumidos, mucha memoria reciclada. A esta edad comienzas a tener la sensación de saber más cosas de las necesarias. Incluso te permites dar consejos a personas que los reciben con expresión de fastidio. Pero la experiencia es eso. Saber, conocer y sentir la necesidad de compartir, de librar a otros de un rato que le costará caro o les hará perder el tiempo.
Digo esto porque no es la primera vez que me encuentro con un hombre que va a ser padre o que lo es desde muy poco tiempo atrás y siente la necesidad de asumir parte del rol de la madre. Padres que envidian ser madres. Desde el día que nace la criatura, el camino se hace difícil para nosotros. Al menos así lo vivimos. Por ejemplo, en la clínica nadie pregunta por ti. Los hombres se convierten en seres invisibles que sólo se manifiestan cuando hay que acompañar al exceso de visitas a la cafetería. Suma el odio delirante que la mujer desarrolla con la suegra (cualquier cosa que diga una suegra es estúpido y suficiente para fusilar a la pobre mujer) y con todo lo que tiene que ver con su marido y contra el propio marido. Algo así como con mi hijo tengo más que de sobra. A mí este bobo no me amarga la vida. Todo esto es un disparate, inventado por los jóvenes que no quieren asumir que lo único que pasa es que el mundo se les viene encima. Creo yo que todo esto tiene mucho que ver con esa convicción de las personas que defienden que el nacimiento de un niño ha de modificar el universo. Y un niño llega al mundo para que la especie pueda seguir adelante. Sólo eso. Nada de cambios. Que alguien desarrolle sentimientos o no lo haga significa que siempre los tuvo y que en ese momento es capaz de experimentarlos. Pero los padres siguen siéndolo. Las madres son lo que son. Y las suegras y los cocoteros y la música pop. Punto. Nadie debería experimentar lo que biológicamente tiene vetado. Nadie debería extrañarse ante nuevas sensaciones de otros. Ningún bebé debería ser utilizado para construir trincheras que, tal vez, ya estaban diseñadas mucho antes.
¿Son diferentes el hombre y la mujer? Sí. Tajante. Eso no tiene nada que ver con la igualdad de oportunidades, ni con machismos ni con feminismos. Eso es otro cantar. Por eso, cuando me encuentro con un padre que se queja por no sé qué cosas (traducido es algo así como un padre es igual a una madre y debería saberlo el mundo entero porque se está cometiendo una injusticia conmigo) siempre le digo lo mismo. Tienes la gran suerte de no ser ambas cosas al mismo tiempo. Juega tu papel, no dejes que nadie te prohiba ser lo que toca y deja que el mundo siga su curso.
No estoy seguro, pero supongo que alguna vez me encontré en una situación similar. No lo sé. Pero, desde luego, con cuarenta y seis años (casi cuarenta y siete) tengo muy claro que soy padre de cuatro hijos, casado con la que tiene que hacer la función de madre y con la experiencia que me corresponde. Ni más ni menos. La vida no debe convertirse en un campo de batallas estúpidas que suelen ser producto de los celos, de la inmadurez o de la mala leche de alguien que convierte su condición en una amenaza eterna para otro. Querer ser madre siendo padre es tan lesivo como no dejar ejercer a un padre, como tal, por sentir que una madre es más importante en la vida de un hijo. Un padre tiene como obligación (únicamente) serlo y no dimitir a medio camino. Su responsabilidad y su importancia para esposa e hijos es la que es.
Todos somos comida. Nosotros, los recuerdos, la experiencia, el presente, los volcanes. Alimento que no podemos malgastar. ¿Por qué perder el tiempo intentando imposibles? ¿Por qué no ganarlo escuchando a los que ya lo hicieron? ¿Por qué no mirar las cosas como ajenas? Todo es comida.
Quedan treinta días para cumplir años.


2 Respuestas en “Un esfuerzo estéril”

  • Edda ha escrito:

    Pues te esperas, que todavía no toca. Cada cosa a su tiempo y cada uno en su papel. ¿No es así? (Me he metido en el papel de madrastra que es el que ejerzo hoy como madre de preadolescente).
    Es lógico que el padre pueda envidiar a la madre. Hay cosas que él nunca va a poder experimentar. En cambio, en ocasiones, el papel de padre se lleva la mejor parte. Cada cosa a su tiempo. No hay prisa, ninguna. Con los niños el tiempo corre más de lo que queremos.
    Y con los adultos impacientes también.

  • Carmen Neke ha escrito:

    A mí me habría gustado ser padre, pero como no había manera me he tenido que conformar con el papel de madre sui generis. Que los padres que aspiran a ser madres se busquen la vida en vez de quejarse tanto.