Un globo, dos globos, tres globos

Para los niños, el cielo es azul, el sol amarillo, las montañas son verdes porque se cubren de árboles y plantas. Para los niños, el mundo es un dibujo imperfecto aunque amable. Los trazos irregulares que se mezclan sobre el azul del cielo son viento que si suma más colores y más desorden es más intenso. Y la nieve es blanca. Es el mundo en el que quieren vivir, el mundo en el que creen vivir, el mundo que les estamos robando sin piedad.
Para los adultos, el mundo es la imagen que ven en los periódicos o en la televisión. Un hombre esposado que acaba de ser detenido por matar a golpes a su esposa. El rostro ensangrentado de otro que sale vivo de un atentado en el que ha muerto el resto de su familia. Un sinvergüenza que roba, y otro, otro más; y detrás, los demás que se llevan las manos a la cabeza, pero no hacen nada por miedo a ser arrollados si se tira de la manta. Una imagen perfecta que llega del otro o al otro lado del mundo en cuestión de segundos. Un sonido que pone los peos de punta y arrancan cualquier ilusión posible. Nada imaginado, nada soñado. Los adultos dejaron de dibujar hace muchos años para poder integrarse en la sociedad. Sin mentir no entras, si imaginas algo mejor y diferente no entras, si te niegas a mirar intentando no hacer tuyo el horror no entras. Eres uno más si te comprometes con lo que hay, si te haces el loco y asumes como necesario un mundo atroz, cruel e injusto. El sistema sólo acepta al que nada quiere cambiar, al que renuncia a su propio pensamiento.
Hemos olvidado ser niños por siempre jamás. E incluso a los que son niños les enseñamos a competir, a luchar por un puesto, a ser adultos antes de tiempo.
Definitivamente, nos hemos vuelto locos de remate.
Si queremos salir adelante, debemos ver en el cielo al sol llorando y triste porque los nubes le cubren y sueltan una tormenta con cara de burla. Nunca una tormenta terrible. Si queremos salir adelante, debemos mirar el mundo como un lugar perfecto en el que vivir. Nunca un nido de víboras porque terminaremos siendo una más por miedo a ser picados.
No podemos dejar que sigan haciendo que vivamos con miedo, pensando sólo en el dinero, queriendo sobrevivir a base de jugar a lo que el sistema obliga, sea bueno o malo. No podemos convertir niños en peones dispuestos a luchar por lo justo o injusto. Toca imaginar, vivir sin temor, salir de un sistema injusto, ser niños o fingir serlo. Cueste lo que cueste. Seguir así, sencillamente, nos costará el futuro.


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