Un libro por cabeza

Debe ser por efecto de la anestesia. Estoy casi seguro.

Llevo desde ayer pensando qué libro me gustaría aprender de memoria si fuera uno de los personajes de Fahrenheit 451. Se me han pasado por la cabeza muchos títulos. He ido eliminando las obras más voluminosas por pura pereza, las más breves gracias a ese punto soberbio que me hacía pensar en el qué dirán viendo a un adulto aprendiendo quince paginitas de nada habiendo niños, otras han sido descartadas por miedo a que no soportaran una lectura después de pasar quince o veinte años desde la primera que tanto me gustó. Pensaba que la cosa estaría entre Faulkner y Vargas Llosa. Pero no. A última hora se ha colado entre las candidatas “El Origen” de Thomas Bernhard. Candidata y ganadora.

Ha bastado que leyese un par de páginas al azar para que comenzara desde el principio intentando aprender cada palabra, cada coma.

“La ciudad, poblada por dos clases de personas, los que hacen negocios y sus víctimas, sólo es habitable, para el que aprende o estudia, de forma dolorosa, una forma que turba a cualquier naturaleza, con el tiempo la disturba y perturba y, muy a menudo, sólo de forma alevosa y mortal…”

¿Qué libro aprendería de memoria si hubiera que salvarlo de las llamas?


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