Un momento de soledad

No recuerdo la última vez que llegué a casa estando vacía. Un juguete de Guzmán junto al ordenador, los cromos de Guille en el mueble de la entrada (los ha olvidado una vez más), los cojines del sofá revueltos, la habitación de Gonzalo perfectamente ordenada (primera vez en la historia de esta familia aunque no tiene mérito, está amenazado. Trabajos forzados o más), mis papeles perfectamente desordenados (algo habitual a pesar de las amenazas), la ropa que eligió Silvia esta mañana y desechó un par de minutos después sobre la silla. Y yo. Como un objeto más. La soledad es eso, sentirse una cosa que acompaña en movimiento al resto que se empeña en amortiguar presencias absurdas.El ruido no está en su sitio. Golpeo con el pie en el suelo para poder escuchar. Pero nada. Sigo solo.Me siento para fumar un cigarro, para observar la quietud que tanto deseo y que, cuando alcanzo a sentir, detesto tanto.Cierro los ojos. Prefiero dormir porque, cuando te conviertes en parte de un escenario que sólo ves tú, lo mejor es pasar desapercibido. Sobre todo para ti mismo.


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