Un mundo entero

– ¿Podría decirme qué es lo que representó en su vida?
– Claro que sí. Una frase era suficiente. Mientras la pronunciaba trazaba círculos en el aire con sus manos, formas hasta ese momento desconocidas aunque convertidas en parte del mundo en un solo instante. Ni una duda al hablar, la mirada siempre perdida, buscando algo que poder observar por pequeño que fuera para convertirlo en una obra de arte. Palabras, el movimiento de manos, su mirar.
– ¿Eso representó? No parece mucho.
– ¿Usted cree que ofrecer un mundo entero es poca cosa? Pues eso es lo que la gente llama amor.
– Esta bien. Siga tomando una por la noche de estas. Media de estas otras por las mañanas. ¿De acuerdo?
– Lo que usted diga. Por cierto, debería hablar con su señora. Tiene todo el derecho del mundo a saber que usted nunca la ha querido. Y vaya pensando en tomar algunas de estas pastillas. Le hacen falta más a usted que a mí.


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