Un mundo que se desmorona

Desmitificar un modelo de sociedad y un concepto equivocado de las religiones judía y cristiana, es un reto que no cualquier autor puede siquiera abordar. Este es el objetivo que Nathanael West (1904-1940; autor que perteneció a la “Generación perdida” norteamericana) se plantea en su novela “Miss Lonelyhearts”, una obra que exige del lector un esfuerzo de interpretación poco habitual debido a su carga simbólica. La novela nos presenta una mirada sobre la sociedad norteamericana de entreguerras y la influencia de la religión como factor determinante en la destrucción del individuo frente al grupo social. Es una obra que, sin grandes alardes argumentales pero plagada de una lírica bellísima, conjuga esos aspectos en un solo punto de vista.

Esa mirada nos muestra un Hollywood que aparece como el lugar en el que el “sueño americano” es imposible de conseguir porque no existe más que en las mentes vacías y atormentadas que inventan esperanzas inalcanzables para poder sobrevivir; en el que el movimiento colectivo se presenta como el ir y venir opaco de un todo que, aunque configurado por individuos, no deja que nadie crezca como persona. Una sociedad embustera, arrasada por una estética absurda y una ética convertida en papel moneda en la que prevalece la idolatría más absoluta por lo material (“Los norteamericanos habían agotado toda su energía radical en una orgía de rompeduras de piedras. En el transcurso de unos pocos años habían destrozado más piedras que los egipcios durante siglos. Y lo habían hecho con histeria y desespero, casi como si supieran que algún día las piedras acabarían con ellos”). Los escenarios que dibuja West no aceptan personajes que obren con voluntad propia, no acepta almas sino cuerpos, seres incultos e ignorantes que necesitan escuchar cuentos “porque querían hablar de otra cosa que no fueran la ropa, los negocios o el cine, porque deseaban hablar de algo poético”. Sólo cuando sus personajes salen de la ciudad, cuando el hombre regresa al entorno natural que le corresponde, son capaces de obrar como seres humanos. En definitiva, una sociedad en clara regresión, brutal, absolutamente terrible en la que el personaje principal, Miss Lonelyhearts, nada puede hacer para suavizar ese entorno desde la columna que escribe y sirve como consultorio para sus lectores. Pero ¿Por qué la sociedad ha llegado a ese extremo? ¿Cuál es la razón por la que el mundo se desmorona?

La solución la encontramos haciendo ese esfuerzo de comprensión que demanda la novela. Lo interesante de esta obra es que esa percepción de las cosas está teñida de un fuerte componente crítico que evalúa lo que representa la religión en los individuos y como influye para que el desmoronamiento social sea imparable. Miss Lonelyhearts cree que es Cristo (al menos necesita serlo para poder llevar a cabo su labor) y West nos lo va mostrando a medida que sufre una especie de pasión parecida a la de Jesús de Nazaret. Para ello utiliza referencias bíblicas casi literales (por ejemplo en las primeras páginas, cuando se hace referencia a las tentaciones de Cristo en el desierto; Mc 1, 12-13) y deja que el lector vaya descubriendo en cada personaje ese componente religioso que arrastran y del que tienen un referente muy claro en el Antiguo y Nuevo Testamento. Página a página va desmitificando la religión y sus símbolos haciendo que el hombre tome relevancia frente a un Dios inventado y manoseado que ya no pinta nada (“Había arrancado la figura de la cruz, sujetándola a la pared con grandes clavos. Pero no había conseguido el efecto deseado. En lugar de ver una figura torturada, el Cristo resultaba tranquilo y decorativo”), analiza el sacrificio puramente humano en contraposición con las exigencias divinas que no sirven de nada, enfrenta la belleza espiritual y la fealdad humana, en definitiva, coloca al hombre frente a Dios. Es verdad que el desconocimiento de las Sagradas Escrituras pudiera ser un inconveniente para que la lectura de esta novela no fuese del todo correcta, pero el autor (seguramente al intuir este problema) va aclarando durante la narración lo fundamental sobre cada personaje y su entorno. Así cualquiera que se acerque a “Miss Lonelyheart” puede llegar a un entendimiento cercano al buscado por Nathanael West.

Esta es una narración que destroza los mitos humanos y divinos pero, a la vez, hace destacar la literatura como un medio eficaz e implacable en el que la representación de una realidad desde la ficción puede entenderse y explicarse.


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