Un secreto a voces

La casa parece una sucursal de cualquier centro comercial. Luces de navidad, belén, calcetines enormes para que se llenen de regalos y espumillón. Han comenzado a circular las cartas dirigidas a sus majestades los Reyes Magos de Oriente. Aunque los dos mayores tienen edad para no creer en este numerito (qué tontainas, con lo bien que les iba fingiendo) acceden, de mala gana, a escribir unas líneas a Baltasar (nombrado por Guillermo rey mago oficial de la familia hace algunos años). Se trata de convertir estos días en algo simpático para el joven Guzmán. Gonzalo ha dejado escrito que le pueden traer desde Oriente cualquier cosa, pero que, si puede ser, todo de la misma marca. Carísima, por cierto. Y que de los mil cuatrocientos cincuenta juegos disponibles que funcionan en su consola pueden, sus majestades, elegir entre cualquiera que incluya ametralladoras, bandas callejeras, vehículos a motor con los que atropellar ancianas o espías que arrasan un país distinto en cada nivel. “Ya sé que esto está prohibido, pero como sois magos y bastante mayores, igual cuela”.Guillermo ha decidido hacer la pelota a los Reyes Magos de Oriente antes de pedir. “Sois los mejores reyes del mundo. Casi tan buenos como papá y mamá. Traed algo para los niños pobres. A mí… (a partir de aquí relaciona aproximadamente seis mil juguetes)”.Guzmán ha sido mucho más práctico. Ha pedido todo. Cuando comprobé que su carta podía ser la más larga de la historia, le pregunté si metíamos el catálogo de juguetes en el sobre. Ni contestó. Abrió el sobre y lo introdujo (destrozando sobre y catálogo en el intento).A Gimena le hemos hecho el favor de pedir en su nombre. Un sonajero para cuando tenga edad.Los mayores nos hemos conformado con pedir un vale por lo que sea. Y hemos incluido un permiso especial para que puedan retrasar la entrega hasta que sea tiempo de rebajas. Tienen mucho trabajo estos pobres reyes y queremos descargar de tensión sus días más intensos.Todos contentos.Ayer, a las diez y media, estaba todo el mundo en la cama. Los únicos supervivientes al ajetreo éramos Gimena y yo. Tiene el “sueño cambiado” y hay que hacer turnos para atender a la señorita durante la noche. Mientras la mecía apoyada en el brazo izquierdo, decidí escribir la carta a los reyes magos para mis personajes. Para los que tengo funcionando en la nueva novela. Se trata de un secreto muy, muy secreto, por lo que hay que hacerlo público antes de acabar el día. Si no fuera así sería un secreto muerto.Para Gustavo Ríos, asesino en serie, he pedido un machete bien afilado. En el último capítulo organizó una carnicería espantosa porque no tenía un arma a mano y, sin embargo, el cuerpo le pedía cargarse al funcionario gilipollas que le había negado una ayuda social que, por otra parte, no le correspondía. Encontró en el escenario (le siguió hasta su casa) un extintor y se dedicó a sacudir mamporros a la víctima hasta acabar con él. Este Gustavo, si no lo impido, terminará convirtiendo la novela en un paraíso para los amantes del crimen brutal.Para Gramófono (en realidad, se llama Guillermo Ramos, pero todos le conocemos así), he solicitado la entrega inmediata de un certificado de defunción. Qué personaje tan idiota, por Dios. No tiene un solo rasgo que me guste. He intentado de todas las maneras que se me han ocurrido que tuviera algo de vida, pero nada. Me pareció interesante que un vendedor ambulante (eso es a lo que se dedica) se encontrara con un par de millones de euros. ¿Qué haría? Pues gastarlos y poco más. Tres páginas después no había un céntimo de euro en su cartera, ni personaje en la narración.Para Carmen, la adolescente que se quedó embarazada poco después de comenzar a escribir, he pedido que todo le salga bien. Tal y como van las cosas, me da la sensación que el relato pide una tragedia y hay muchas posibilidades de que le toque en suerte. Espero que me manden para ella un giro en la narración y pueda salir lo mejor parada que sea posible. Me cae bien esta chica. Gabriel, el siquiatra drogadicto, recibirá un nuevo destino. Una clínica en la que se tratan problemas relacionados con la drogodependencia. Se pondrá hasta las cejas en la farmacia de la clínica e invitará a los pacientes a consumir hasta el polvo de talco. Ya veremos cómo acaba esto. La gracia es que terminarán los cuatro dentro de un ascensor durante un par de horas debido a un corte del fluido eléctrico. A ver cómo se enfrenta, por ejemplo, el asesino a su propia muerte o el siquiatra responsable de la salud de los drogodependientes a su propio “mono”.Personajes. Terminan siendo como los hijos. Te preocupas por ellos, no te hacen caso, casi nunca se muestran de acuerdo con tu opinión, se hacen mayores y ya nunca más les puedes levar de la mano, beben, fuman, dicen palabrotas y, sobre todo te hacen trabajar mucho. Muchísimo.


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