Una sana relación

Alguna vez me han acusado de tener una relación enfermiza con la muerte. La primera vez que pasó pregunté. ¿Qué te hace pensar algo así? Antes de contestar me miró con gesto desconfiado. ¿No sabes que de esa no se puede hablar como de un árbol o como de un niño? Ha pasado mucho tiempo desde entonces y he seguido arrimando la palabra y el pensamiento a la muerte. Con tanta naturalidad como he podido. Y siempre cuando la he tenido lejos porque si sientes que te ronda o que se está pegando a alguien cercano no eres capaz de hacer nada. Ni escribir, ni pensar. Ni siquiera vivir. Es necesaria la distancia para poder hacerlo.
La muerte en occidente sigue siendo negra, sujeta una guadaña y representa el horror, lo peor que le puede pasar a un hombre. Supongo que esto obedece a la amenaza de un infierno cristiano, a un chirriar de dientes casi garantizado para los pecadores. A este lado del mundo, todos guardamos un íntimo sentimiento de culpa absurda que nos coloca en el borde de un caldero humeante desde hace siglos. Todos sin excepción. Creyentes, ateos, hombres y mujeres. Y creo que es un gran error. Deberíamos aprender a ver en la muerte un límite, el de nuestra condición finita. Poco más. En una sociedad que defiende una filosofía contraria, la baratija del no limits, la muerte ha desaparecido, la han hecho ocultarse entre supuestos éxitos capitalistas para regocijo de aquellos que quieren pasar por el mundo como por un parque de atracciones. Parece que nada muere sino que se usa y se tira.
Hablar de la muerte, acercarse a ella, no es fácil. Solemos decir bastantes tonterías. Por ejemplo, suponer y armar un discurso desde la idea de una muerte igual para todos, es algo habitual. ¿Cómo puede alguien decir semejante idiotez? Cada día mueren miles de niños en los países más pobres a causa de un catarro. Eso mismo, a uno de nosotros, nos cuesta como mucho sesenta céntimos de euro. Lo que tengamos que abonar en la farmacia al comprar aspirinas. No es igual; cómo va a ser igual. En un mundo injusto todo lo es, incluida la muerte. Como mucho lo que se iguala con la muerte es la jerarquía aportada por lo material. Aunque es dudoso. Otra forma equivocada de acercarse a la muerte es despreciando la vida. Idea muy fascista y que funciona muy bien cuando se trata de arengar a las masas. Quien teme a la muerte no debería tener derecho a vivir. Eso es lo que escuchaban los jóvenes italianos antes de que comenzase la segunda guerra mundial. Despreciar la vida y amar la muerte. Claro, que esto llevaba a despreciar la vida propia y la ajena. Esa sobre todo. Una gran equivocación eso de acercarse a la muerte alejándose de la vida. Algo que está sucediendo hoy en países que nos pintan como enemigos los políticos usando los medios de comunicación de forma vergonzosa. Un muchacho capaz de atarse a la cintura un explosivo que acabará con él y con todos los que tenga alrededor, sólo puede hacerlo si la vida que conoce es un martirio, o si le han enseñado que la vida sirve de poco. Para vivir así mejor morir. Desprecia su vida y la del resto. Siempre la misma canción.
La muerte está y mejor será que lo asumamos lo antes posible. No podemos ocultar o negar algo así. Ni podemos acercarnos a ella de otra forma que no sea de frente, con sensatez. Creo yo que lo más sano es pensar que cada día le arrancamos pequeñas cosas a nuestra finitud. Y que lo hacemos mientras estamos vivos, en nuestro terreno, donde las reglas las ponemos nosotros, sabiendo que la meta se llama muerte, que todo aparece cuando lloramos por primera vez y desaparece con el último aliento. No sabemos qué nos espera después de muertos. Lo que si podemos es contarnos el mundo unos otros, un mundo en el que la muerte tiene su parcela reservada. Eso será mucho mejor para todos. Y mucho más sano.


3 Respuestas en “Una sana relación”

  • Poma ha escrito:

    Magnífica reflexión, de verdad.

  • Edda ha escrito:

    Sabias y sensatas palabras. No sé si será sensato, pero yo la espero con el hacha entre los dientes. Y arrancándole a cada día lo que puedo.

  • YOLANDA CLUA ha escrito:

    la vida es la joya de la muerte y mientras nacemos morimos porque la cuenta esta hecha, – morimos mientras nacemos, en el resurgir del día a día, cuando sufrimos cuando amamos cuando sentimos placer
    fenecemos amando ,temiendo,queriendo,sintiendo, siepre hay algo que fenece…. para poder resurgir nuevos tiempos…