Una vida mejor y llena de éxitos

Antes de la última cena, los doce se sentaron alrededor de una higuera. Hablaron entre ellos, con tranquilidad, intuyendo una vida mucho mejor, llena de grandes éxitos. Sólo uno parecía ausente.
– A ti qué te pasa, J. Estás atontado. Bebe, anda, que tienes mala cara.
– ¿Mala cara? Esto no es nada con la que me viene encima.
– No exageres. Todo tiene solución. Ahora, hasta la muerte la tiene. Ya has escuchado al maestro.
– Me parece a mí que habrá que matizar algunas cositas.
Llegó el maestro. Antes de entrar en la tienda que acababan de montar, agarró a J. del brazo apartándole del grupo.
– Siempre has sido el más crítico de todos. Creo que mereces más que los demás. Efectivamente, todo esto tiene algo de circo. Conviene que no tentemos la suerte. Imagínate si alguno se caga y delata al resto o dice que soy un tal o un cual. No salimos de esta, fijo.
– O sea, que si me ahorco o algo estoy jodido ¿no?
– Bueno, tampoco hay que ponerse así. Es lo mismo que si me pongo a pensar que a mi me pueden crucificar. No te dejes llevar por la paranoia.
– Vamos a beber ese vinito que tienen estos. Será lo mejor.


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