Violencia machista

Las noticias nos conmocionan. Nos cuentan que ha muerto una mujer a manos de su marido, del que lo fue, del novio o de cualquier bruto y nos quedamos petrificados ante el televisor, la radio o el periódico. Es lo normal. Ante una barbaridad de esas dimensiones cualquier persona sana de la cabeza estaría perplejo.
Inmediatamente comienzan las reacciones. Algunas de ellas lamentables. Y no porque justifiquen el crimen. No. Lo condenan gentes públicas que dedican su tiempo en los medios de comunicación a generar polémicas y noticias absurdas que, casi siempre, tienen un fondo denigrante para todos y, especialmente, para la mujer. Atiendan a esos programas que infestan la televisión, por ejemplo, y piensen en las actitudes violentas, las discusiones absurdas que se hacen a gritos y las caras de odio que se gastan unos y otros. Caldo de cultivo. Es verdad que otras de esas reacciones son prudentes, contenidas, razonables y con un fundamento claro que reside en la tolerancia y la buena educación. Pero son las menos. Pero, también, comienzan las reacciones en las cafeterías, en las tascas y en las casas (sí, en las casitas de los españolitos). Y esas son las verdaderamente peligrosas. Si miro la televisión con mis hijos al lado y escucho a un mamarracho amenazar a una mujer les explico que eso es malo y que el tipo es un mierda. Pero si digo que algo habrá hecho la muerta (aunque sea bromeando), si justifico mínimamente una muerte violenta de una mujer a manos de un hijo de puta, la cosa es muy grave. La única forma de acabar con esto es educar a los futuros novios y maridos haciéndoles entender que la mujer es sagrada aunque sea más débil. Sagrada. Sin paliativos, sin excusas. Cuidado con tanta broma gilipollas y tanto chiste en la barra del bar. Los hijos son reflejo de lo que son sus padres. Todas sus excelencias y todas sus miserias se las llevan puestas. Por supuesto, otra vía de solución para meter entre rejas a esa banda de cabrones es perseguirles sin descanso para que caten una celda hasta y que nos les queden ganas de poner la mano encima a una mujer.
Hoy, mientras circulábamos en el coche, una conductora ha frenado a destiempo. Eso ha sido así y casi abollamos los vehículos media docena de personas que la seguíamos. El conductor que tenía a mi derecha ha gritado a la infractora. Puta, le ha llamado. A su derecha su mujer, detrás tres muchachos (supongo que serían sus hijos). Te arrancaba la cabeza de una hostia, ha dicho después. ¿Qué les parece? Pues esto es violencia de género. La conductora estaba aturdida y atemorizada. La señora que viajaba al lado de ese mequetrefe no lo parecía tanto. Y los muchachos parecían ausentes. Caldo de cultivo. Lo más gracioso de todo (si es que tiene alguna gracia) ha sido que cuando he comenzado a bajar la ventanilla para decirle lo que pensaba al machote de los cojones, ha salido pitando de allí.
Está muy bien que nos quedemos estupefactos ante noticias terribles que anuncian la muerte de mujeres. Pero deberíamos atajar estas actitudes cada uno de nosotros en nuestro entorno más próximo. Con valentía. En un futuro podrían ser nuestras hijas las que aparecieran en pantalla, metidas en una bolsa de plástico camino del tanatorio.
Nada de chistecitos, nada de comentarios machistas, ni un paso atrás frente a los cabrones que maltratan a sus parejas. No queramos que esto lo arreglen otros cuando podemos hacer cosas nosotros mismos. No dejemos que los programas de televisión que destilan violencia dialéctica por todos los lados sean la pizarra en la que los chicos aprendan. Ahí no hay nada que merezca la pena. No dejemos que nadie insulte o agreda a la mujer. Porque es sagrada. Y punto.


2 Respuestas en “Violencia machista”

  • RELTIH ha escrito:

    TODOS LOS MEDIOS SENSACIONALISTAS, SON UNA MIERDA, PERO PEOR QUIENES LOS DISFRUTA. EXCELENTE ARTICULO.
    UN ABRAZO

  • merche ha escrito:

    Mira que cuesta atajar el machismo…
    Firmeza y contundencia contra él con una buena educación…
    Chapeau.. Sr. Gabriel