X + (Y/2-Z)= Novela

Lo que es un hombre o una mujer interesante puede que no tenga ningún atractivo. Saber qué es exactamente, qué significa ser interesante, toma importancia, como todo, de lo necesario, de lo que logre acercar a lo real. Y de su utilidad.
Hace unos días planteaba esa cuestión a mis alumnos del Liceo Europeo. Tengo por costumbre no confesar el objetivo de mis clases para que sean ellos los que se topen con él. Lo único que pregunté fue: ¿qué es un hombre o una mujer interesante?
Después de los primeros acercamientos (un hombre guapo, alguien con el que se pueda hablar de cualquier cosa, el que guarda un misterio que jamás enseña o el que mira sin que le puedas adivinar el pensamiento) fuimos avanzando hasta que llegamos a un par de conclusiones. Un hombre interesante es el que encuentras siempre un paso más allá por su capacidad de sorpresa y por una reflexión siempre más profunda que la tuya. La mujer interesante es una persona inteligente. Si los hombres se fijan en una dama y no es eso lo que ven (la inteligencia) dirán que está muy buena, nunca que es interesante.
Vale. Lo de menos es si las conclusiones eran las más acertadas o profundas. Son chicos y chicas de once años en adelante. Los mayores llegan a los dieciséis.
Lo importante era (como hacemos de forma habitual) pensar sobre lo que decimos y averiguar para qué sirve profundizar en aspectos cotidianos. Eso y cómo influye en el proceso creativo al escribir.
A veces un personaje demanda estar acompañado de otro que tenga unas cualidades determinadas. Por ejemplo, por alguien que sea muy interesante. Y si no tenemos claro lo que es, estamos perdidos. Si queremos perfilar un personaje interesante y nos sale un cretino vestido con trajes hechos a medida, el relato no funcionará en la vida. Porque el relato es personaje en la novela actual.
Escribir requiere un planteamiento anterior. Por qué, para qué y cómo. A pesar de todo, nos podemos encontrar con obstáculos inesperados cuando la trama avanza por caminos que no teníamos previstos. Y debemos estar preparados para resolver lo que nos toque. En definitiva, un escritor ha de saber de todo, tiene la obligación de pensar sobre el mundo. Mirar y pensar. Mirar y pensar. Sin descanso. Así se consigue, posiblemente, impostar una voz femenina en el caso de los escritores o al contrario.
Es casi una cuestión matemática. Si nuestro personaje necesita X hay que darle eso y no otra cosa. No algo que se parezca. No. Sólo sirve arrimarle esa X. Novela es igual a X más Y. Novela = X + Y. Sabiendo lo que es cada cosa el relato se desarrollará con más facilidad. Si alguno de los términos es difuso, está mal diseñado o falta, el resultado será que estamos escribiendo otra cosa diferente a lo deseado. La suma de las incógnitas (que iremos desvelando frase a frase) dará como resultado un texto coherente en sí mismo. Ya sé que la ecuación puede ser mucho compleja, pero, como ejemplo, creo que puede servir.
Y todo se llenó de sentido. Al escribir toda la experiencia toma sentido.
Ese era el objetivo último de mi clase.
Ahora saben que el día que definan lo que es un hombre o una mujer interesante tendrán una parcela enana del mundo algo más clara, que lo entenderán de otra forma y su escritura evolucionará porque lo hace su cosmos. Sólo eso. Todo eso.


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