Ya es casi oficial: Soy normal

Creo que me estoy convirtiendo en una persona absolutamente normal.
Si antes me preocupaban los problemas ajenos, ahora me la traen al fresco. Si antes procuraba que los que me rodean se sintieran felices, ahora intento hacer lo que me da la gana sin pensar en nadie que esté más allá de la puerta de casa. Hubo un tiempo en que trataba de ser crítico con la situación que vivimos en este mundo. Hoy, no leo la prensa, no veo la televisión (hace años que no lo hago), no presto atención a lo que pasa a mi alrededor. En definitiva, me importa todo una mierda.
Al menos ya sé dónde estaba mi límite, donde estaba esa frontera entre el yo y lo demás. Y, por fortuna, creo que será difícil volver atrás.
Supongo que todos nos consideramos el rey del marrón (para el que no entienda la expresión, aclaro que eso es como decir que todos pensamos ser una especie de héroes dedicados en cuerpo y alma a solucionar la vida de los demás a costa de la propia). Eso supongo. Pero es que lo mío es de premio mundial. O rei do marron. Ese sería un buen epitafio.
Por supuesto, no entraré en detalles sobre todo este asunto. Sería estéril y estúpido por mi parte. Pero no he podido evitar vomitar un poquito en mi blog que para eso es mío.
Lo importante es que ya soy normal. Corriente y moliente. Uno más. Y es un alivio. Espero que nadie pida imposibles, que nadie piense en mí si tiene un problema; que nadie se acuerde de mí, a secas.
Y , como soy de lo más normal, me voy a meter un gin tonic entre pecho y espalda mientras veo, por segunda vez, una película coreana que me ha encantado. Poesía. Ese es el título. Me temo que es la única forma de evitar escuchar gilipolleces.


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