Hundir el Open Arms y reír las gracias a Trump
Comienzo con una pregunta: ¿Quién comete las violaciones en España? ¿Son los violadores españoles o marroquíes o ecuatorianos o sudaneses? Si usted ha contestado supongo que ha sido porque tiene información contrastada, información que no ha salido de un texto sin firmar encontrado en la Internet o dictado en un vídeo publicado en las redes sociales de alguien que no sabe una palabra del asunto aunque diciendo barbaridades logra una cantidad de likes que convierten la mentira en una indecencia peligrosa. Supongo que usted ha dicho que nueve de cada diez violaciones en España las comenten españoles o que es justo al contrario, es decir, que las comenten inmigrantes, sabiendo lo que dice y habiendo buscado diferentes fuentes para construir su criterio. No quiero pensar que usted quiere parecer enterado diciendo lo primero que se le ocurre o lo primero que le dicen en un medio de comunicación que destroza a diario lo que es el periodismo.
Del mismo modo, espero que usted maneje un criterio sobre el trabajo que realizan, por ejemplo, a bordo del Open Arms; sí, ese barco que algunos dicen que es una maquina salvadora de vidas en alta mar y otros lo tachan de máquina negrera y colaboradora de mafias asesinas. Supongo que usted no querrá quedar así, como muy chulo, diciendo lo que le viene a la cabeza para soltar ‘eso que no te dirán en los medios de comunicación’ y que sólo sabe usted gracias a sus contactos en redes sociales. Supongo y quiero pensar que es así.
Quiero pensar que usted señala a los inmigrantes como un problema después de reflexionar tras la lectura de todos los libros que caen en sus manos y en los que se analiza con seriedad el problema. Quiero pensar que usted, al decir que los palestinos son unos terroristas que deben morir de la forma más cruel y que el pueblo judío es una democracia maravillosa, ha recurrido a todas las fuentes necesarias para no decir las cosas ‘de oídas’. Y lo quiero pensar porque me encantaría tener la certeza de que el mundo no está lleno de idiotas que se tragan el discurso más fácil y el más terrible porque eso les hace creer que son poderosos.
Santiago Abascal (al que defendí en una columna publicada en El Correo de Andalucía, a capa y espada, cuando su cara apareció con una diana pintada en un cartel de las fiestas de un municipio vasco) dice que hay que confiscar y hundir al Open Arms por lo que Santiago Abascal se dibuja como un miserable. Creo que la gran diferencia es que, mientras él y sus acólitos quieren hundir barcos que salvan vidas, a él le recogerían en alta mar esos mismos con los que quiere acabar.
Da miedo comprobar que no faltan (se están convirtiendo en un ejército peligroso) los que aplauden a Netanyahu si lanza ataques criminales contra civiles y los que ríen las gracias a Trump si propone convertir Gaza en una especie de resort; da miedo pensar que no faltan los que creen que hay que echar a todos los inmigrantes de España (sobre todo porque se constata que estamos rodeados de ignorantes que no saben ni lo que dicen); da miedo mirar a derecha y a izquierda y comprobar que el odio se ha consolidado, que las armas han dejado de dar miedo y que la violencia es una alternativa como otra cualquiera. Y, todo hay que decirlo, tampoco me gusta que se defiendan posturas contrarias a las de Vox sin ton ni son. El que hace eso es igual que el que critica.
Da miedo. De verdad que sí.
G. Ramírez
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