Cuidar de los muertos

Contadine, Spezzano Albanese, Italy. / © Paolo Belloni 

Tiempo estimado de lectura: 2’

En Mongolia, los muertos son muy importantes, se les trata lo mejor posible y se les respeta al máximo. Tanto es así que muchas familias evitan enterrar a sus muertos en cementerios como los que usamos los occidentales católicos, por ejemplo, y sepultan los cuerpos en lugares salvajes, sin urbanizar, en pleno campo, en mitad de ninguna parte. ¿Por qué? Los mongoles creen que esos cementerios están atiborrados de espíritus y que no pueden confiar en que vayan a ser buenos, malos o regulares. Por tanto, para proteger a los muertos los alejan de los que pueden ser espíritus que impidan un descanso merecido a los que se han ido. No hace falta decir que el mongol cree en el más allá, en los espíritus y en todo lo que el chamanismo y el budismo defienden respecto a la vida y el tránsito a través de la muerte a no sabemos qué lugares. 
En Occidente, la muerte asusta y la relación con ella nunca ha sido del todo fluida. Los muertos en Occidente asustan y tratan de olvidarse porque lo que tenga que ver con ellos es horrible, temible, doloroso. Y es que en Occidente se ha dejado de creer en la vida eterna de forma general. Ya no lo creen ni muchos de los que van a la iglesia cada domingo para cubrir el expediente (por si acaso, no vaya a ser verdad todo este lío) y se han impuesto la superstición y las creencias de baratillo que no soportan un mínimo análisis que tenga que ver con la razón, la intuición, la fe o las creencias ancestrales puesto que son producto de los charlatanes que andan sueltos por las redes sociales. 
¿Existe el más allá, la vida eterna o cualquier cosa que tenga que ver con lo que está más allá de nuestro mundo? Existe. ¿Puedo demostrarlo? Por supuesto que no, pero tampoco puedo explicar un poema que nos llega a la mismísima línea de flotación vital, pero tampoco puedo explicar el amor que se siente por un hijo, pero tampoco puedo expresar el vínculo que se genera con la Tierra al nacer, pero tampoco puedo negar algo que está ahí y no puedo tocar. Perdenos la otra parte, esa que solo podemos intuir, es no poder disfrutar de la parte que vivimos. 
Sea como sea (yo quería hablar de los muertos y no de la muerte aunque me lío con facilidad), los muertos forman parte de lo que somos. Sin ellos, sencillamente, no seríamos, no estaríamos aquí. Si uno de nuestros abuelos faltase, el mundo sería otro. Son muy importantes, son esenciales y debemos mostrar un respeto sincero por ellos. La mejor forma de rendir homenaje a los que ya no están es no permitir que el olvido se los lleve por delante por siempre jamás. 
Los gitanos dejan abiertas las ventanas para que el alma del muerto pueda partir sin problemas. Porque los muertos muertos están y deben viajar hasta su próximo destino. Y los vivos debemos cerrar la jaula de la memoria a cal y canto porque seguimos aquí, entre otras cosas, para no olvidar nuestro pasado, un pasado que no es otra cosa que la muerte de millones de personas que ya han pasado por aquí. 
Ya descubriremos si tenemos un espacio más allá de lo que conocemos. Ya descubriremos si la cosa se acaba o continúa de alguna forma que no somos capaces de imaginar. Ya tendremos toda la eternidad para ser o no ser. De momento, debemos hacer lo que toca: respetar y recordar a los que faltan puesto que es su forma de ser en este mundo que dejaron. De otra forma, nos estaríamos traicionando a nosotros mismos. 
G. Ramírez

Comentarios

Form for Contact Page (Do not remove)