Las mujeres iraníes, de nuevo, en grave peligro

Azafatas iraníes antes y después de 1979

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Durante toda la historia, las mujeres han sido las grandes perjudicadas durante períodos convulsos, violentos o de cambios religiosos radicales. Durante esos conflictos y tras finalizar, los hombres hemos tomado decisiones en contra de las mujeres, de su progreso anterior y de un posible futuro amable.

En Irán las cosas se están poniendo feas en general y terminarán siendo un desastre para las mujeres en particular salvo que la República Islámica desaparezca para dar paso a una nueva forma de Gobierno (cosa bastante improbable en este momento a pesar de las amenazas de Trump y los deseos del hijo del último Shah de Persia, Mohammed Reza Pahlavi). Lo que comenzó siendo una protesta de los comerciantes del Gran Bazar de Teherán el pasado 28 de diciembre se ha convertido en una movilización mucho más social y política que se ha extendido ya por 180 ciudades de Irán y que deja más de 50 muertos (algunos de ellos menores de edad), cientos de heridos, más de 2000 detenidos y el sistema sanitario colapsado. Una inflación del 42 por ciento interanual (en diciembre alcanzó el 52 por ciento), un paro elevadísimo y una situación de colapso económica provocada por las sanciones de EEUU y Europa a causa del programa nuclear iraní, han sido el detonante de unas protestas que llenan las calles de las ciudades de manifestantes, policías y muertos. El Gobierno iraní acusa a Trump de injerencias intolerables aunque, esta vez, la falta de autocrítica es demoledora y será lo que ponga en serios aprietos a los políticos persas. Cualquier régimen que no sabe echar un vistazo a la calle corre peligro.

Las mujeres, como siempre ocurrió en ese país, se han sumado a las protestas de forma activa. Se han quitado el velo en público y se han echado a la calle para reivindicar sus derechos (el paro de mujeres jóvenes alcanza el 25 por ciento cuando el 65 por ciento de los estudiantes universitarios son mujeres y eso, entre otras cosas, hace que se sientan muy alejadas de la República Islámica).

¿Qué son esas otras cosas que hacen sentir a las mujeres iraníes que son seres humanos de segunda?

Al llegar los ayatolás al poder (eso ocurrió en 1979) lo primero que hicieron fue derogar la Ley de Protección de la Familia de 1967 y revisada el año 1975, ley que era ejemplo en la zona por sus contenidos feministas y progresistas. Unos días después de que el Shah escapara del país se impuso el código de vestimenta que obligaba al uso de la hiyab o el chador. El 11 de febrero de 1979 las mujeres iraníes protestaban por ello y el 8 de marzo de ese mismo año sufrían una represión brutal mientras que en buena parte del mundo se celebraba el Día Internacional de la Mujer. La paradoja es que el Ayatolá Ruhollah Khomeini había llamado a las mujeres a un movimiento de apoyo a una revolución popular, anti extranjera y religiosa (la prohibición de los partidos políticos había convertido las mezquitas en lugares de intercambio de ideas). Las mujeres, que vivían un régimen de corrupción y pobreza como lo hacían los hombres, no dudaron para ponerse en movimiento. Y fueron traicionadas el primer día, el primero.

Esa Ley de Protección de la Familia daba derecho a las mujeres a pedir el divorcio, elevaba la edad de matrimonio de las niñas hasta los 18 años, eliminaba la poligamia sin consentimiento de la primera mujer y de un tribunal, y daba la custodia de los hijos a las madres. De la noche a la mañana, la edad de matrimonio de las niñas era de 9 años (luego se elevó a 13), ya no podían pedir el divorcio o trabajar sin el permiso de padres, hermanos y maridos, perdían la custodia de los hijos, no podían ser juezas y sus maridos podían ser polígamos. Todavía hoy, Ali Khamenei señala el uso del velo como solución al ‘desastre de las innumerables agresiones sexuales contra mujeres occidentales’; es decir, para ellos la culpable es la mujer y siempre lo ha sido.

Quiero dejar claro que el uso voluntario por parte de las mujeres de la hiyab o la Shayla, fundamentalmente, me parece más que lícito. Es necesario recordar que en el Corán se habla de una vestimenta decente, modesta y pudorosa en lugares públicos y que muchas mujeres son religiosas y utilizan la prenda como seña de identidad. El problema es la obligación, el castigo por no usar ese velo, la radicalización de la lectura de un libro sagrado.

Dicho todo esto, es difícil pensar que no serán las mujeres, otra vez más, las grandes perjudicadas de estas revueltas actuales. El Gobierno de Irán ya amenaza con aplastar todo movimiento contrario a lo que la República Islámica representa y busca. Y eso es garantía de encarcelaciones y castigos brutales entre los que se encuentran los que sufrirán las mujeres por quitarse el velo o plantarse en la calle como uno más.

Espero equivocarme aunque si miramos atrás sabremos que es muy probable que se repita lo mismo que tantas veces. Un ejemplo muy, muy reciente lo tenemos en Afganistán. Allí las mujeres están siendo reducidas a la mínima expresión y no movemos un dedo por remediarlo.

G. Ramírez

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