San Antón y Gaia ‘la bulldog petalosa’

Gaia ‘la petalosa’ y su tutor
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San Antón nació y murió en Egipto. El Imperio romano ordenaba el mundo, pero al santo pudo iniciar el movimiento eremítico. San Antón es el patrón de Menorca y de los amputados (sí, sí, tienen patrón), es el santo protector de animales, de enterradores (que sí, que todo el mundo tiene patrón), ermitaños y enfermos de la piel (y yo sin saberlo, luciendo mi psoriasis sin saber que estoy bendecido por el primer santo ermitaño). Todo esto, entre otras cosas. Y es que san Antón es un santo multifuncional, muy polivalente. La tradición dice que murió a los 105 años recién cumplidos.
El caso es que san Antón vivió para servir a distintas comunidades monacales y, sobre todo, para observar, conocer y cuidar de los animales (en concreto de los de granja, los domésticos y domesticados). Sirve esta celebración del santoral católico para recordar que el trato y cuidado de los animales, ahora que las mascotas ya suman más que los niños menores de catorce años en algunas ciudades españolas, debe ser tan bueno como sea posible. Una sociedad que emplea la brutalidad con los animales, una sociedad insensible ante el maltrato animal o una sociedad que permite que existan granjas en las que los animales son tratados como si fueran cuerpos inertes, es una sociedad enferma. Al mismo tiempo que digo esto, quiero advertir que, actualmente, se humaniza en exceso a los animales de compañía y se roza el ridículo en algunas ocasiones (en bastantes). ¿Cómo puede alguien comprar una joya a su chihuahua? ¿Cómo es posible que existan tanatorios para perros y gatos? (¡¡Un tanatorio para mascotas, por el amor de Dios!!). La medida de lo que es un animal o una persona ha de quedar intacta porque se puede cuidar de un perro o un gato sin rozar el esperpento.
Gaia, el bulldog que vive con nosotros, cumplirá cinco años el próximo mes de septiembre. Gaia es una de las mejores cosas que nos ha pasado en los últimos años. Es cariñosa, leal, agradecida, juguetona, dormilona, mema, glotona, familiar y amorosa (si pudiera usar el término ‘petalosa’ para describir a Gaia lo haría, pero esa palabra la inventó un niño para otra cosa aunque Gaia es ‘petalosa’). Gaia es una excelente compañera de viaje para todos nosotros.
Tener un animal en casa hace que la perspectiva cambie por completo al valorar lo que es un animal. No conozco a nadie que cuide de su perro o su gato y sienta indiferencia ante una escena de maltrato animal. A nadie.
Nací en 1964 y conocí una España cruel y descuidada con los seres vivos incluidas las personas. Afortunadamente, ha cambiado mucho esa relación con los animales (tal vez no tanto con las personas puesto que no es normal pedir la deportación de un pobre hombre con un gato lustroso en el regazo).Yo he visto -siendo un niño muy pequeño- como mi tío metía en un cubo a unos gatitos recién nacidos  y se iba hasta el puente de Alcántara para vaciarlo (más tarde me enteré de que el cubo estaba lleno de agua); he conocido perros y gatos callejeros paseando sin demasiado control por las calles de Toledo; he visto pegar con un palo enorme a una mula que se negaba a tirar de una piedra enorme también. Y esto ha ocurrido hace sólo unos años. Sigue ocurriendo, la crueldad con los animales sigue estando presente, pero se persigue y no puede darse en público sin que alguien te denuncie. Por eso es tan importante recordar a san Antón cada 17 de enero.
Dicho todo esto, me voy a caminar con Gaia, la bulldog más petalosa que jamás ha pisado el planeta Tierra. Sé que el niño que inventó la palabra me perdonará el atrevimiento de usar el término para expresar el poderosísimo vínculo que hemos generado Gaia y yo mismo, Gaia y el resto de la familia.
G. Ramírez

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