¿Vale más una imagen que mil palabras?

Untitled, 2025. / © Jonė Reed
Tiempo estimado de lectura: 3’

Que una imagen vale más que mil palabras es una afirmación bastante dudosa. Y, convertida en verdad absoluta, puede llevar a decir alguna que otra idiotez a aquel que la cree sin preguntarse más allá de las propias palabras. Una imagen vale más que mil palabras. Una palabra puede ser tan importante como un millón de imágenes. Eso es seguro. Otra cosa es que todo sea más cómodo mirando una pantalla como lo hace una vaca suiza cuando pasa un tren de mercancías. 
Hoy, parece que si no vemos las cosas no somos capaces de creer en ellas. Si no las podemos ver no somos capaces de imaginar cómo podríamos tocarlas u olerlas. Cómo escucharíamos su roce contra nuestra piel o cómo recibiríamos su aroma una mañana cualquiera. No podemos ver y no sabemos creer. Es el materialismo estúpido que rebosa en cada televisor, en cada poste publicitario o en cada conversación de cafetería. No vemos y no pensamos sobre ello ni decimos una palabra. Miramos sin ver, escuchamos sin reflexionar sobre eso que dicen unos y otros, vivimos atemorizados por si tenemos que tomar decisiones que supongan un cambio en nuestras vidas, un mínimo riesgo para un bienestar de pacotilla.
Creo yo que nos estamos dejando atrás la mitad de lo que somos. No se trata ya de creer en Dios o de crear un mundo fantástico para sobrevivir o de disfrazarse de santón inapetente que presume de sobrevivir gracias a su mente. No me refiero a eso. Porque Dios, si es que existe, no parece que tenga muchas ganas de tomar parte en nuestros conflictos; porque Dios, si es que existe, no lanza ejércitos contra nadie. Ningún dios susurra a los líderes políticos lo que deben hacer, ni a nosotros lo que debemos votar. Y, por otra parte, los mundos inventados son trincheras que no soportan una realidad como la que vivimos. Pero ni un minuto, además. Y lo de los santones no suele funcionar ni regular. 
El problema es renunciar a uno mismo; el problema es que hace ya mucho tiempo que andamos por algún lugar que no reconocemos y en el que no nos podemos reconocer. ¿Dónde quedaron las ideologías? ¿Dónde abandonamos las ideas para cambiarlas por un piso convertido en el tótem que todo lo puede? ¿Por qué nos parece alguien un cursi engreído en cuanto abre la boca para decir algo mínimamente inteligente? ¿Somos tan tontos como parecemos? ¿Los chicos y chicas quieren ser médicos o preferirían aparecer en un plató de televisión diciendo cosas propias de asno para ganar dinero fácil? ¿Dónde enterramos la capacidad para creer en lo que no vemos? ¿Hemos limitado nuestra existencia a lo que nos ocurre entre estas cuatro paredes que es el mundo? ¿Por qué queremos ser tan enanos, tan insignificantes?
Hemos cambiado cualquier imagen por todas las palabras del mundo, por lo que somos, por nuestra forma de pensar. Hemos cambiado el ser por el tener. Por el parecer. Hemos cambiado el ser por el aquí estoy viéndolas venir. 
Ya sé que no estoy descubriendo nada nuevo. No es nada original lo que digo. Pero hoy he sentido la necesidad de decir algo así. Pienso en el bombardeo de una escuela llena de crías y profesores. Unos tipos disfrazados de héroes mandan lanzar bombas y el mundo entero se pone patas arriba. Lo hemos visto en la televisión, es real. Pero es que hace dos o tres días, esas niños y sus profesores corrían peligro del mismo modo, el pueblo iraní pasaba las de Caín, el régimen repartía estopa aquí y allí. Y no pasaba nada para el noventa y nueve por ciento de la población mundial. Nadie se paraba a pensar en qué sucedía, en cómo rectificar, en cómo solucionar un problema que nos iba a explotar en la cara. Y es que nadie piensa si no ve. Nadie quiere luchar por nada que no sea su cuenta bancaria. Nadie tiene una ideología que se alimente de sí misma y de lo que vaya llegando nuevo para enriquecerla. Agarramos un par de ideas que suenan bien aunque estén vacías y las manejamos como si hubiésemos descubierto el pensamiento humano. Esto es una mierda llena de imágenes de televisión, imágenes que si no son violentas no venden ni un céntimo. Y miramos para ponernos tan violentos como los protagonistas. No miramos para pensar. Que va. Eso está lejos y no nos afecta en gran medida. Soltamos espuma por la boca diciendo esto o aquello, los más atrevidos lanzan cuatro piedras sobre la policía, y ya está. La hipocresía de occidente es tan abrumadora que produce vértigo. Una mierda. Se lo digo yo.
G. Ramírez

Comentarios

Form for Contact Page (Do not remove)