10/03/10

Viaje con fin


Se sientan al mismo tiempo. Una frente a otro. No es la primera vez que sucede. Algún día coinciden haciendo el trayecto de pie. Cercanos los hombros. Pero casi siempre es así. Uno frente al otro. Ella de espaldas a la marcha del autobús. Él leyendo una novela forrada con papel blanco. Ella escuchando música. Él levantando la vista cada poco.
La lluvia cae con fuerza. Los cristales de las ventanillas se llenan de vaho. Alguien pide a otro alguien que abra un poco para no morir asfixiados.
Él se levanta. Nadie se fija en un pequeño papel que queda en el asiento. Cuando una mujer va a ocupar el asiento vacío pregunta. ¿Es esto de alguno de ustedes? Ella no lo duda. Sí, es mío, gracias. Desdobla el papel. Lee. Sonríe.
Llega a su destino. La lluvia arrecia. Camina con cuidado sorteando los charcos. Con una mano sujeta el paraguas. La otra, dentro del bolsillo, juguetea con el papel. En la oficina. Saluda. Se sienta. Marca un número de teléfono mientras mira el papel. Soy yo, me llamo Carlota, ah, muy bien. Adiós. Cuelga dejando la mano sobre el auricular. Tres o cuatro minutos.
Se sientan al mismo tiempo. Uno frente a otro. Él abre su novela. Ella escucha música. Él levanta la vista. No la vuelve a bajar.
Se sientan al mismo tiempo. Uno frente a otro. Se apean en la misma parada. Caminan despacio. Charlan. Telefonean. No puedo ir a trabajar. Se sienten indispuestos. Caminan. Se descubren. Caminan.
Se sientan al mismo tiempo. Uno frente a otro. Luego te llamo, dice él antes de levantarse. Ella sonría. No olvides que tenemos que ir al centro. No, no, tranquila.
Se sientan al mismo tiempo. Uno frente a otro. Ella mantiene las manos sobre la tripa abultada. Me muero de ganas por conocerle, dice ella. Sólo quedan un par de meses, contesta él.
Ella se sienta. Un muchacho ocupa el asiento de enfrente. Abuelo, siéntese aquí. Gracias. Miran por la ventanilla. Levantan la mano si quieren que el otro se fije en alguna cosa olvidada. Pasan de largo en la parada de él. Y sonríen.
Ella se sienta. El trayecto se le hace eterno. No puede dejar de pensar. Con una lágrima siempre a punto de escapar.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

Ray Charles and Norah Jones - Here We Go Again






07/03/10

Imbéciles


He tenido la fortuna de conocer gente realmente imbécil a lo largo de mi vida. Fortuna, sí. Saber exactamente lo que no debe hacerse bajo ningún concepto es una ventaja muy importante. Los imbéciles (al menos con los que he topado) suelen ser gentuza. Su mediocridad, su inseguridad, todas sus miserias, las vuelcan sobre los demás intentando que no se vean con claridad todos sus defectos. Hacen infeliz a mucha gente sin lograr sentirse bien con ellos mismos. Son imbéciles y estúpidos. Me los he encontrado en muchos lugares y con diferentes apariencias (de escritor, de cura, de padre e hijo, de empresario, de currante amargado o de adolescente con dinero). Los hay por todas partes. Y son muy peligrosos porque, además de arrasar lo bueno que encuentran en su camino, creen tener razón arropándose con su propia imbecilidad. No negaré que alguno desarrolla cierta astucia al rodearse de algunos mucho peores que él mismo como forma de supervivencia. Ahora bien, antes o después terminan donde corresponde. Suelen ser cobardes y eso se paga caro.
Esta gentuza intenta hacer picadillo a todo aquel que destaca por su brillantez. Lanzan contra ellos a un ejército de pusilánimes que jamás soñaron con ostentar cierto poder e incapaces de ver que lo que realmente ocurre es que son utilizados como perros de presa de otros menos idiotas que ellos mismos. Por ejemplo, ese compañero que no sabe hacer la o con un canuto y al que nombraron jefe de no sé qué, ese hijo de un jefe que nunca se irá a casa jubilado sin el temor de ver a su hijo hundiendo la empresa o siendo el hazmereír. Gentuza envueltos por gentuza. Todos quieren parecer menos imbéciles de lo que son. Son imbéciles, estúpidos y peligrosos.
Crecen en número, ocupan lugares de cierta importancia en empresas y partidos políticos, aparecen en la televisión, parecen importantes. Nombran a otros imbéciles. Y el resto a currar. Porque son imbéciles, estúpidos, peligrosos y muy, muy vagos.
Pero ¿Cómo es posible esto? ¿Qué está pasando para que el mundo esté en manos de estos personajes? Es mucho más sencillo de lo que puede parecer. La gente dedica su tiempo a disfrutar de la vida, a cuidar de su familia, a pensar, a trabajar sabiendo que en eso no le va la vida. Mientras los imbéciles se dedican a intrigar, siembran cizaña, no ven a sus hijos a costa de amasar algo de poder y procuran ganar un dinero que no gastarían ni siendo normales. Más tarde se juntan y violà.
Pero tengo malas noticias para todos ellos. Se mueren igual que los demás, su dinero termina malgastado por sus hijos (esos a los que maleducaron) en puticlubs y casinos, todo lo que destruyeron se vuelve contra ellos. ¡Criaturitas! Hay que ver lo imbéciles que pueden llegar a ser.
Tenía ganas de dedicar un texto a todos aquellos que me han ayudado a prosperar en la vida, siendo tan generosos conmigo, al mostrarme cuál era el camino equivocado (me refiero a los idiotas y lo aclaro porque no terminarán de entender todo esto). Y qué mejor forma que describirles con todo mi cariño. Si alguna de las personas que ha leído esto se ha visto retratado que no lo dude, es uno de ellos. Sé que me leen. Son tontos hasta para eso y necesitan motivos para odiar (me). Para todos vosotros, majetes.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

Santiago Auseron - El tonto Simon






Siniestra


Una de las cosas que diferencian a los autores con cierto oficio de los que no lo tienen es que, estos últimos, sienten una necesidad casi irracional de contar todo lo que les viene a la cabeza. No sería ningún problema si lo hicieran en diferentes cuentos y novelas en lugar de en una sola (generalmente la primera). Aunque se empeñan en hacerlo.
Uno de los grandes problemas de la literatura actual es que se construye (se destruye, tal vez, ya lo veremos con el tiempo) por autores que no tienen claro cómo construir el punto de vista de la narración. Sospecho que, con frecuencia, no saben ni lo que es. Lo intuyen en el mejor de los casos, pero sólo eso.
Otro problema colosal que presenta la literatura moderna es que se escribe para publicar, para vender ejemplares. Los autores quieren integrarse en un circuito absurdo y vergonzoso escribiendo novelas que se sujetan en tramas absurdas y vergonzosas. Un desastre absoluto que ya veremos cómo acaba.
Siniestra (Editorial Plataforma, 2010) es la tercera novela publicada por Javier Arriero. Las anteriores pasaron desapercibidas, penosamente desapercibidas puesto que eran buenas novelas. Espero que esta Siniestra sea la que le construya un hueco duradero en las mesas de novedades editoriales. Porque Arriero enseña oficio desde la primera a la última línea de su nuevo trabajo, contando lo necesario, creando un clima coherente y verosímil. Porque, técnicamente, la novela es impecable. Y porque consigue una obra que, sin ser facilona, nos arrastra suavemente hasta donde la voz narrativa (perfectamente diseñada) desea. Siniestra es una novela histórica bien construida, bien documentada, bien rematada y en la que se aprecia un intento de hacer literatura auténtica, cosa muy de agradecer tal y como están las cosas.
La religión y cómo la recibe cada ser humano (un solo Dios construye millones de religiones) es la columna vertebral de la narración. Una trama salpicada de asesinatos es el vehículo que el narrador utiliza para ir dejando su tesis clara desde el primer instante. Un momento histórico crucial para el cristianismo, con Arrio y su herejía en pleno apogeo. Una novela de trama en la que las ideas no se convierten en anécdota, en la que las zonas expositivas de riesgo son elegidas con cuidado y explotadas al límite. Y sin catequesis de por medio. El autor es especialmente hábil en este sentido y no pisa zonas que pudieran convertir su obra en un mal catecismo. Se trata de una novela sin pretensiones teológicas. Se trata de una excelente novela, de una excelente forma de demostrar que no es necesario decir tonterías para escribir algo atractivo y con cierto calado al mismo tiempo.
Es verdad que, de forma, puntual, el tono que aparece en algunos diálogos resulta algo inverosímil. Pero el lenguaje actual hace muy difícil que ese efecto desaparezca. Y es verdad que , en algún momento, puede parecer que la voz se desliza ligeramente hacia la injerencia autoral. Pero son cosas muy localizadas que no enturbian el trabajo en su conjunto.
No quisiera desvelar ni una línea de lo que en Siniestra se cuenta. Ya está dicho lo fundamental. Ahora es el lector el que tiene la última palabra. Y muy confundido tengo que estar si no es esta una novela que terminará haciendo ruido. Un ruido que, por otra parte, Arriero debería haber escuchado hace mucho tiempo.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

Charlie Haden - El ciego






06/03/10

Golpes de timón


Los caminos que hay que recorrer tratando de llegar a ser honesto son, muchas veces, extraños. Y, lo peor, es que uno (el que camina hacia ese encuentro consigo mismo) sabe lo que hace, pero el resto no, llevándoles a pensar de forma errónea, a interpretar cada movimiento como una mezquindad, una traición o una falta de educación colosal.
Me considero campeón del mundo en hacer quiebros al destino intentando no traicionar mis principios. Me considero campeón del mundo en confundir a otros mientras doy golpes de timón sin explicación alguna. Al fin y al cabo estoy convencido de que todo en la vida debe plantearse a largo plazo, que su verdadero significado (el de la vida, el de las cosas que acompañan) aparece en su justo sitio llegado el momento. En el exacto. Ni antes ni después.. Pero, por fortuna, también me considero campeón del mundo en tener claro (muy, muy clarito) lo que es bueno, lo que es una cabronada, lo que debo hacer o lo que tengo que evitar sea como sea. Tengo claros mis principios, mi ideología, dónde está el final del camino que tracé tiempo atrás y del que no puedo, ni debo prescindir. Pase lo que pase, el camino está dibujado. Es verdad que durante el viaje tendré que modificar esa curva tan peligrosa o acortar una recta eterna y aburrida. Eso es verdad, pero lo fundamental no variará. Principio y fin. Yo y lo que creo que es la honestidad.
Sé que para algunos los movimientos que hice, que hago y que tendré que realizar en el futuro son completamente absurdos, insultantes, cobardes o crueles. Sé, también, que los que me acompañan ya entienden que el que los hace es el mismo individuo antes, durante y después. El que conocieron. Me difumino, me diluyo, desaparezco y vuelvo al lugar que toca siendo yo. Aprendí hace mucho tiempo que, casi siempre, para evitar males enormes es necesario un daño circunstancial, de los que tienen solución con una charla o un beso. Los que me acompañan han aprendido a no llevarse las manos a la cabeza sino a esperar preguntándose qué coño me pasará esta vez.
A cambio, procuro hacer lo mismo con ellos. Dejo que se alejen tanto como quieran. Ya volverán. La vida es larga y si se acaba de forma inesperada no pasa nada. Para eso tenemos la eternidad.
Digo todo esto porque andaba pensando que eso de la honestidad pertenece al individuo. Es él quien la ejerce y nada ni nadie se la puede robar. Si no existe voluntad de perderla no hay posible extravío.
La vida es un recorrido que se realiza en solitario, que adornamos con amores, paternidades o grandes amistades, pero cosa de cada cual.
La vida soy yo, mis objetos, mi insignificancia en el cosmos, mis principios, mi forma de entender las cosas, mis personajes, mis convicciones, mis creencias religiosas. La vida soy yo. Y la compañía de todos.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

Michael Buble - You`ll Never Find Another Love






03/03/10

Lo que sujeta el ser


Hablan con tranquilidad. Uno frente al otro. Es la mejor forma de hacerlo porque sin mover un solo músculo pueden calmar el ansia acumulada por una mirada, un beso, el gesto que tanto le gusta a uno, esa forma de entrecerrar la boca al dejar una palabra sin acabar de decir que adora el otro. Pueden juntar ambas manos con ambas manos. Así se tienen. Sin perder detalle. Se sienten inmortales. Se saben eternos.
Ella cree evaporarse al escuchar que es sagrada, que sólo ella es capaz de remover lo oculto, lo que nadie más puede llegar a intuir que existe. Ni siquiera allí. Es imposible que lo que construye a un hombre otro lo pueda agarrar. El esqueleto sujeta la carne, lo que no se ve sujeta el ser.
Pero el reloj cumple con su trabajo. Comienza el tiempo de espera, de ideas agolpadas entre una próxima vez, quizás pronto. No hay espacio ni un puñado de minutos prestados. Y se despiden.
Mañana el despertador de uno, el dolor de espalda del otro. Un día más por consumir. Limpiar la celda, algo de deporte, lectura, perder el tiempo. Las malditas escaleras de la mañana, las de la tarde, la compra, recoger al crío, organizar ese desastre para que nadie lo note más de la cuenta.
Y antes de dormir pensar en lo sagrado. En serlo o en tenerlo al alcance de la mano cuando el tiempo corre más aprisa.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

Till Brönner feat. Melody Gardot - High Night (Alta Noite)






02/03/10

Negociando la burbuja inmobiliaria


- Satán, soy Dios. ¿Se puede saber qué pretendes? Tienes almas desperdigadas por todos los rincones. Todas las noches intentan saltar las vallas divinas. O paras esto o vamos a terminar teniendo un disgusto.
- Ya no cabemos aquí, Dios. Te dije que iba a trabajar con la cantera, que era el futuro. Desde pequeñitos, hay que trabajar con ellos desde pequeñitos. Ahora no hay alma que no llegue más negra que un tizón. Yo hago mi trabajo. Haz tú el tuyo.
- Es verdad que aquí llegan pocos, pero no voy a consentir que me llenes esto de manzanas podridas. Dame un par de siglos. Instalaré más templos y mandaré almas para curas.
- Ja, esos si que saben trabajar con ellos desde pequeñitos.
- No seas tan gracioso.
- Es que soy Satán. Bueno, me tendrás que ceder el limbo durante ese tiempo. Si no lo haces ya me contarás qué hago con esta calaña.
- Está bien. Ya no creen en el purgatorio, lo tengo vacío. Dos siglos y me lo devuelves. Sin almas ni nada de eso, claro.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

Don Byas - Laura






01/03/10

Punto de no retorno


El último plato liso acaba de estallar contra la pared. Busca algo más, algo que pueda lanzar con fuerza haciendo que la saliva se le escape de entre los dientes al realizar el esfuerzo. El rostro encarnado, desencajado.
- Eres capaz de sacar lo peor de mí cuando te pones en este plan.
- Tal vez lo que ocurre es que ahora te dejas ver sin máscaras ni disfraces, contesta sin moverse, sentado en el sillón de piel negra. El gesto serio, los brazos cruzados sobre el pecho. Sólo se permite mover los ojos buscando trozos de loza por el suelo.
- Te odio, eres lo peor que me ha pasado en la vida. Y no quiero volver a verte nunca más. Nunca más ¿Me entiendes, cabronazo? Maldita la hora en que te conocí.
Él se levanta. No puede disimular su irritación. Dice algo entre dientes que ella no entiende. Tan sólo alcanza a escuchar una última palabra. Cerda. Cuando cierra la puerta de la calle siente un último ruido. Un objeto que cae al suelo tras el impacto.
Ella abre la puerta y le dice gritando que pase, que dónde cree que va, que las cosas hay que discutirlas. Él resopla, gira con rapidez y entra para evitar que los vecinos vuelvan a tener un asunto del que hablar.
Después, en la cama, se prometen amor eterno. Esas cosas no pueden pasar, hay que evitarlas siempre. Se acarician, se enredan, se aman, ríen. Se desean buenas noches. Él piensa que si cree que con un polvo le conseguirá hacer feliz está muy equivocada. Ella recuerda a aquel muchacho al que dejó porque le parecía demasiado buena persona. Y ambos saben que la frontera quedó atrás, mucho más atrás.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

Keith Jarrett - So Tender






28/02/10

Sinceridad


- Creo que te quiero.
- Si me amaras no tendrías dudas al afirmarlo.
- No sé lo que es eso de amar a alguien. Nunca nadie me lo explicó. Por eso sólo lo creo.
- Vaya excusa. Pues nada, supongo que podrás decirme qué es eso que sientes y no sabes reconocer ¿verdad?
- Si, claro. Me gustaría que nunca más volvieras a aparecer para que el recuerdo se pareciese a ti. Tal y como te conozco ahora. Serías algo sagrado por siempre jamás.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano
© De la imagen: Annie Christian

27/02/10

Cumpleaños (2)


Algunos de mis lectores me han comentado en alguna ocasión que mientras leen escuchan la música que elijo para cada texto, otros que primero leen y luego escuchan. Los hay que sólo visitan esta página para escuchar algo. En cualquier caso, la música ha sido tan importante en este blog como la propia literatura o las reflexiones personales de su autor. Esto es algo que me agrada especialmente. Era la idea principal cuando grabe los textos que estuvieron tanto tiempo en el blog de la Escuela de Letras y el primero aquí en La vida del Revés.
Cada canción fue escuchada en el momento de escribir. De forma obsesiva (como cada cosa que hago, ya conocen mi bipolaridad y mi frágil estado emocional). Muchas de las ideas que aquí he dejado escritas no hubieran madurado lo suficiente sin esa música.
Tiendo a exagerar casi todo lo que hago. Hoy comienzo a celebrar el cumpleaños de mi blog y el mío propio. Antes de tiempo. Y no pienso dejar sin su parte a los que me han ayudado tanto desde que La Vida del Revés comenzó a ser lo que es.
Tenía pensado publicar una serie de canciones que me gustan de forma especial. Sólo. Pero me parecería injusto que no las acompañasen los nombres de las personas a las que dedico cada día mi escritura. Sé que olvidaré algún nombre. Pero también sé que me sabrán perdonar los ignorados.

Silvia, Gonzalo, Guillermo, Guzmán, Gimena

Diane Schuur & B. B. King - You Don´t Know Me









Michela, Teresa, Isabel, María e Irma

The Peter Malick Group Feat, Norah Jones - New York City









Carmen Neke, Edda, Ginebra, Núria

tom waits - all the world is green









Pepito Grillo, Rosalía García, Alix Rosales, Ana María Aguayo, Ana María Lozano,
Marian León, Merche Polo, Alejandra Moglia, Enza Bellorín

Bird york - In the deep









Núria Alba


Matt Bianco - Say The Words









Araceli, Pilar Ysasi-Ysasmendi, Svor

Al Cohn and Zoot Sims - Emily









Marta (Poma)

Bill Evans - Spartacus Love Theme









Carmen García Vega, Inés Chaochun, Fanny Gallardo, Paula María Vila, San y Marta Bouza Paadín, Susana Muñoz, Marga Orri, Carlota Montemayor

Richard Galliano - Waltz for Debbie









Loreto

Charlie Haden - Everytime we say goodby






Cumpleaños


El próximo domingo este blog cumplirá un año desde que es La Vida del Revés. Y yo cuarenta y seis. Él vive gracias a mí y yo, en buena parte, gracias a él. Termina el primer año con el contador de hits cerca de los cuarenta y siete mil registros (cosa que no está nada mal para una página de este tipo). Acabo este año con cinco o seis canas en el poco pelo que va quedando (nunca tuve canas, pelo creo que sí), menos fuerza para levantar niños y llevarlos de aquí para allá, la vista algo más cansada y la cabeza amueblada más a mi gusto.
Me gustaría poder decir que este ha sido el mejor año de mi vida. Pero no lo ha sido. Así que me conformo con haber dicho lo que recogen los seiscientos veintiséis textos publicados desde el año dos mil cinco.
Y como estoy de enhorabuena (me siento muy satisfecho del trabajo que he logrado hacer), aquí dejo algunos de mis preferidos. Por supuesto, con buena música para acompañar. Yo me los voy a leer. Si alguien quiere acompañarme...
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

Dexter Gordon - For All We Know








Aerosmith - I Don´t Want To Miss a Thing








Charlie Haden & Michael Brecker - Travels








Jacques Loussier - Minuet in G major








Oscar Peterson and Nelson Riddle - Round Midnight








Gwyneth Herbert - The Very Thought of You